La semana pasada hablamos de una película notable que aparece en la selección del Bafici, Thriller-A cruel picture, protagonizada por una de las grandes reinas del explotaiton, el softcore y la clase B de los setenta, Christina Lindberg. Dijimos que era una película ultraviolenta que incluía toda clase de torturas (un ojo arrancado por un bisturí, por ejemplo), violaciones e insertos pornográficos de los que la actriz no estuvo enterada hasta el final, según ella misma cuenta. Uno podría pensar que una película así le daría vergüenza a quienes la hicieron, especialmente a la actriz, entonces una chica en sus veintipocos que había sido modelo de Playboy. Lindberg está ahora en la Argentina acompañando no solo la película sino como jurado del Bafici, con lo cual fue posible charlar un rato con ella. Y no, no tiene vergüenza. Para nada.

"No tengo ningún arrepentimiento, para nada. Solo que no pude seguir con mi carrera porque me casé y a mi pareja no le gustaba para nada lo que hacía, así que tuve que decidir y por eso, digamos, dejé el cine". La pregunta venía a cuento porque muchas de las estrellas del cine porno o ultraviolento estadounidense de los años setenta luego se sintieron "arrepentidos" por las "terribles" películas que habían hecho, o acusaron violaciones (como Linda Lovelace, por ejemplo), o se refugiaron en la religión (Harry Reems, su partenaire, por ejemplo). No fue el caso en Europa, donde la legalización del porno arrancó en 1969 pero ya antes había dejado de haber restricciones respecto del tipo de imágenes que podían mostrarse. "Por algunos años -cuenta Lindberg-, a fines de los sesenta y los primeros años setenta, hubo como una pequeña ventana. Esas películas que hacíamos contaban en muchos casos con actores de teatro de gran calidad, que venían de los teatros oficiales de Suecia. Probablemente necesitaran más dinero (risas), pero lo cierto es que eran grandes intérpretes, muy formados. Y los técnicos con los que trabajábamos eran los mismos que lo hacían con los directores importantes, en las películas más serias, como las de Ingmar Bergman. Y ese trabajo además se tomaba en serio. Fue muy breve, yo aprendí mucho de todo ese mundo, además."

Thriller es una de las películas más infl uyentes de los años setenta, aunque en su país de origen fue un fracaso comercial

Lindberg fue parte además de otro cine erótico y violento que hoy es una especie de escuela de culto, el Pink Cinema japonés, donde pueden encontrarse películas extraordinarias. "Simplemente me dijeron si quería irme a Japón y dije ok, voy. Me trataron con un enorme respeto y con un cuidado por la producción que yo no vi en mi país. Podía haberme convertido en una verdadera estrella, sin la menor duda, y había una gran industria". Lo que nunca hizo, y esto es interesante, es porno "¿No es aburrido? -me dice- No hay mucho para hacer ahí. Una vez tuve una oportunidad: me llamaron para hacer una película. El director era Gerard Damiano -el creador de Garganta Profunda y El diablo en Miss Jones, dicho sea de paso- y fui con él. Se trataba de la adaptación de una novela, era algo que yo quería hacer. Trabajamos una semana, hicimos escenas y una noche, en el bar del hotel, me dijo que me acercar. Okay, dije y entonces me contó que la película iba a ser pornográfica, que aunque estaba cansado del porno, iba a insertar sexo explícito. Yo le dije que no era la película que quería hacer, y esa noche me fui: estaba sola, aterrada, en un aeropuerto, y con miedo a que el productor me viniese a buscar porque, de hecho, había roto el contrato. Yo no quería hacer porno, nunca hice".

Sin embargo, Thriller tiene insertadas secuencias porno. "La historia de Thriller es bastante distinta -cuenta-. Cuando leí el guión supe que quería hacer esa película sí o sí. Había algo sobre lo que trabajar, yo quería ser Frigga de cualquier modo. El director -Bo Arne Vibenius, que fue asistente de director de Bergman en Persona- era una persona muy particular. Él quería hacer una película infantil pero no conseguía dinero, así que pensó en hacer una película de explotación lo más tremenda posible para conseguir ese dinero. Lo raro es que Thriller fue destrozada por la crítica y solo duró una semana en cartel en Estocolmo, pero se vendió por todo el mundo y se vio en todas partes. En fin, había mucho para trabajar con el personaje y no me importó que él después le insertara esos momentos porno. Para mí fue genial hacerla, y en el rodaje me trataron con muchísima amabilidad. Era un cine hecho con muy poco, poquísimo dinero. Tuve por ejemplo que hacer mi propio maquillaje, llevar el parche en el ojo (era molesto y difícil actuar con el parche) y trabajar mucho con los movimientos de artes marciales, pero estaba entusiasmada".

Thriller es, lo contamos, una historia de venganza: Frigga (Lindberg) es violada de chica, queda muda y la obligan a prostituirse no sin antes arrancarle un ojo con un bisturí. Pero ella saca fuerzas de flaqueza, aprende artes marciales y vuelve para vengarse de modo aún más cruel. "Yo no vi la película cuando se hizo -confiesa-. Solo la vi mucho después y en los últimos años. Y la verdad es que me shockeó: durante el rodaje las cosas eran mucho más leves de lo que aparece en la pantalla. Y lo que más me ha sorprendido con los años es que, aunque no fue un éxito, resultó una película muy influyente, hay mucho de ella en muchísimo cine. Para mí fue un gran momento estar en el cine con Quentin Tarantino, que me hiciera parar, que dijera que era una gran actriz y contara cómo influyó la película en las suyas. Realmente es un orgullo. Lo hicimos con absoluta libertad, pero eso pasó... la verdad es que no sé por qué sucedió".

Lindberg es una mujer bella, simpática y centrada. Entiende perfectamente lo que fueron esos años en los que las restricciones presupuestarias se suplían con invención y ganas de hacer películas. Después de ser actriz, fue periodista, hizo un documental sobre hongos y, hoy, volvió al cine un poco como hobbie, un poco por ganas de recuperar aquella libertad que alguna vez dio películas tan únicas como Thriller y personajes tan irrepetibles como ella misma.

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