Especial desde Cannes

El relajado ritmo de un lunes en una ciudad balnearia fuera de temporada se ve alterado por el enjambre de trabajadores que corren para poner todo en condiciones para el inicio de una edición de la muestra más esperada de la agenda de festivales de cine que promete ser inolvidable. Acallado (solo por un momento) el debate generado por la (hasta ahora) pertinaz resistencia a que la gran pantalla de Cannes sirva como plataforma de lanzamiento y promoción de películas que no podrán verse en cines, toda la expectativa está puesta sobre la excelente selección que se presentará este año. Hay muchas y muy prometedoras propuestas por fuera del on demand.

Difícil recordar una edición donde la Competencia Oficial haya sido, a primera vista, tan pareja e interesante. Si bien es cierto que en ella se cumple con el habitual respeto al "elenco estable" de la muestra, no puede desconocerse que esa parte de la selección que suele responder a compromisos económicos o políticos y que suma propuestas indefendibles aparece como particularmente reducida. El film con el que arrancará la maratón cinéfila ya dispara una gran expectativa no exenta de cierta ansiedad: The dead dont die, de Jim Jarmusch. Tras la hermosa Paterson, no son pocos los seguidores de este director de culto que están haciendo precalentamiento para las largas colas que se generarán para su premier mundial. Tras la apertura, el menú pinta tan apetecible como imperdible. Il traditore, de Marco Bellocchio, Parasite del coreano Bong Joon-ho (director de la inolvidable The host, que vuelve al festival tras haber sido una de las pocas excepciones en las que Cannes programó una producción de Netflix, Okja), Roubaix, une lumiére, de Arnaud Desplechin (El primer día del resto de nuestras vidas, Tres recuerdos de mi juventud), Atlantique, de Mati Diop, Little Joe de Jessica Hausner (Lourdes, Amour fou), A hidden life de Terrence Malick, Bacurau de Kleber Mendonca filho (Aquarius) y Juliano Dornelles, It must be heaven, de Elia Suleiman, The whistlers del rumano Corneliu Porumboiu (Policía, adjetivo), Once upon a timeà in Hollywood de Quentin Tarantino conforman un conjunto que difícilmente pueda presentarse en otro festival del mundo. En ese sentido, uno podría preguntarse si sigue siendo pertinente incorporar cada nueva producción de los hermanos Dardenne (que presentarán Le jeune Ahmed) y más aún de Ken Loach (que llegará aquí con Sorry we missed you) y el cada vez más insufrible Xavier Dolan (Matthias et Maxime), cuando el espacio dejado para operas primas es tan acotado (sólo una en esta edición). Y participa también Dolor y gloria, de Pedro Almodóvar. Su estreno en España fue acompañado con entusiasmo por el público y la crítica y los corrillos por aquí sugieren que es la candidata a llevarse el premio mayor de esta gran edición.

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