Hace algunas semanas hablamos del crecimiento del mercado de los juguetes sexuales en casi todo el mundo, y cómo eso ha quitado espacio a la pornografía. Hay mucho para contar al respecto, porque redunda en una serie de síntomas interesantes sobre la sociedad (global) contemporánea. En algunos días, las empresas más importantes del sector se van a encontrar en una especie de congreso o feria en Los Angeles, y están apareciendo notas respecto de las tendencias en el sector, de qué novedades habrá, etcétera. Spoiler alert: no hay mucho para inventar pero sí hay un mercado cada vez más grande en todo el mundo.

En la mayoría de los sitios dedicados al negocio, se "culpa" a 50 sombras de Grey por el auge que los sex-toys han cobrado en los últimos años. Puede ser. También es claro que el sector de mayor crecimiento fue -en consonancia con esos libros espantosamente escritos y esas películas pésimamente dirigidas- los del sector BDSM, dominación y sado masoquismo más bien "suave". Incluso hay categorías: un látigo de flecos puede costar u$ 12 o u$ 200, pero este rango de precios refleja que el sector que compra productos de placer erótico ya no es solo el de alto poder adquisitivo, sino que su uso a permeado las clases medias. Se puede tener un "arsenal" aceptable por una cantidad de dólares más o menos normales. De hecho, considerando lo que puede gastarse en un regalo de cumpleaños para niño en una juguetería, es bastante más barato comprar chiches adultos. No, eso de comprar ahora un dildo mecánico para regalarlo a nuestra hija -o hijo, por qué no, quién sabe- a los 25 no sería del todo recomendable aunque, considerando los costos, pudiera ser efectivamente económico.

De algún modo, el entretenimiento sexual adelanta y confirma una tendencia universal al aislamiento

En fin: entre las sorpresas del asunto, aparece que ha crecido el sector "pegging". El "pegging", que solía estar más bien ligado al sexo sáfico, consiste en la penetración anal con arnés y dildo. Era algo sumamente "de nicho", muy marginal. La primera secuencia de "pegging" en una película porno aparece en The Opening of Misty Beethoven, a mediados de los setenta, y causó una enorme controversia dentro de la industria, que la consideraba demasiado fuerte. Sí, claro, hoy es difícil saber qué es "muy fuerte" en el porno, dado que el sexo tiene pocas variantes y en un par de meses se ha visto todo lo que es posible ver. Y paralelamente, este tipo de prácticas se considera dentro de lo más frecuente en el juego erótico global. Pues bien: la cantidad de productos creados para el sexo anal, especialmente para esta variante, supera otras tendencias. ¿Razones? No somos sociólogos, pero sí -como la mayoría de las variantes sexuales lúdicas- se trata de encontrar algún juego nuevo.

Y aquí llegamos al punto central de esta proclividad al juego: ¿por qué ha crecido, realmente, el consumo de juguetes sexuales? En principio, porque la pornografía se ha vuelto mucho más accesible y discreta, Internet mediante, en los últimos veinte años, lo que permite que el espectador "vea" acciones que podrían causarle deseos de experimentación. De hecho es así. También el ingreso masivo de las mujeres al acceso a los sexual y pornográfico, algo que -aquí sí es verdad- se cimentó con 50 sombras... Sirvió para que el mundo dijera "chicas, también tienen permitido divertirse con lo que se divierten los muchachos". Pero sobre todo el juguete sexual tiene que ver, como la pornografía, con la actividad erótica en solitario. Este es el punto más interesante de todos: lo que crece es el ejercicio sexual de una sola persona.

Y el consumo de juguetes se ve potenciado por la posibilidad de no solo consumirlos sino, también, adquirirlos en toda privacidad. Pero, amigos, aquí también hay un problema que reproduce el mismo que existe con todo lo que es difusión on line. Desde hace un tiempo, Amazon ha incorporado en su base de "salud y deporte" juguetes sexuales. Mientras que, hasta ahora, esos productos se adquirían o en la tienda del fabricante o a través de retailers autorizados. Al principio, los fabricantes del sector festejaron que la firma de Jeff Bezos incluyera sus creaciones. Pero rápidamente pasaron cosas: aparecieron firmas que plagiaban -con precios irrisoriamente más baratos- los productos más consumidos de cada firma y las ofrecían en Amazon. Firmas no estadounidenses que, por las especiales características de la plataforma de e-commerce, pueden vender en todos los países donde Amazon se encuentra instalada sin pagar los (elevados) impuestos estadounidenses. Ante este problema comercial, algunos fabicantes decidieron no vender a través de Amazon (lo que, de todos modos, no implica que no puedan copiarle los productos e introducirlos en el sistema de comercio electrónico). Otros continúan pero con mucho cuidado e interponiendo constantemente amparos y acciones legales cuando detectan casos de plagios o deslealtades comerciales varias.

En todo caso, esta os hablando de un mercado que hoy mueve miles de millones de dólares en todo el mundo y que genera muchos puestos de trabajo y cambios culturales profundos. Y que además se está llevando puesta a la pornografía como posibilidad estética, como parte del arte audiovisual en la medida en que deja de ser el estímulo para el juego erótico. Es interesante recordar que todo lo que sucede en el plano del entretenimiento sexual es una copia en miniatura de tendencias que crecen y se reproducen luego en todos los campos del entretenimiento. Y en este caso, podemos pensar que, cada vez más, entretenerse dejará de ser una actividad plural o comunitaria. Cada vez más podemos suplir todas nuestras necesidades solos y sin salir de casa, y si el sexo -que durante siglos requirió de la existencia de otros- entra en el campo de lo puramente individual tecnología mediante, ya no habrá campo que no pueda seguirlo al consumo a medida, cerrado al propio hogar, innecesario de empatía. Quizás sea, también, una forma de libertad. Continuará.

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