Algo curioso me pasó por revisar un poco la programación de PayboyTV, una de las tres señales "para adultos" (parece que no se les llama "porno") que tiene Cablevisión. Antes que nada, estos canales se diferencian por la rudeza de sus contenidos. Playboy es sobre todo soft, con mucho contenido de tipo informativo y documental, y algunas series (sí, hay sexo explícito, por supuesto). Venus es más "dura" que la anterior y es solo porno, y suele pasar películas que tienen sus años. SexTreme, la tercera señal, es hardcore, con mucho sexo grupal y contenidos más breves (en general). El único que tiene una grilla de programación similar a la de cualquier otro canal de información general es Playboy, algo así como History con tetas.

Pues bien. Mirando esa programación, encontré un programa que se llama TriplePlay. No se trata de gente que tiene sexo trabajando para una gran empresa de comunicaciones que incluye TV, Internet y telefonía digital, sino de parejas que, por razones diversas, deciden intentar un trío por primera vez con alguien a quien conocen. Es un reality, por supuesto, y no hay razones para creer que se trata de actores profesionales o que hay algo fingido.

El episodio que vi era extraordinario. Un matrimonio de alrededor de treinta años tiene problemas porque él ya no se entusiasma -por decirlo de manera suave- con ella. Ella es una chica bonita pero normal, blanca, de ojos claros, nada extraordinaria. Él es afroamericano, también normal. Ninguno tiene un cuerpo atlético aunque no son gordos ni especialmente desagradables. La serie nos muestra cómo se llevan en la cama y cómo él la complace, pero después de que ella llega al orgasmo, se aburre o deja de intentarlo. Las secuencias de sexo entre ellos son absolutamente reales, se ve todo, se escucha todo, etcétera. Pero muy difícilmente -hay gente que lo hace mirando Hijitus, así que excepciones siempre existen- puedan excitar a alguien. Lo más interesante del asunto es, justamente, que no mueven un pelo.

Luego deciden llamar a una amiga de la chica, a la que conocen de toda la vida. Él dice que sí, que le parece linda, ella dice que a ella también, que a lo mejor eso reaviva la llama, que quiere probar algo nuevo, que lo ama, etcétera. En esos momentos, como es ya clásico en el formato, hablan a cámara y van comentando las acciones. Eso también sucede: el comentario "hoy" ante la cámara de lo que sucedió en otro momento, cortando la edición del hecho central. La cosa es que van a comer con la chica, charlan de qué les gusta o no en la cama, cuáles son los límites, etcétera. Todo agradable, pero para encontrar un símil es más o menos lo mismo que una charla con un asesor de seguros respecto de las diferentes cláusulas del contrato.

Finalmente, llega la noche en la que la pareja recibe a la amiga y vemos cómo se va desarrollando. Nuestro (anti)héroe por fin puede cumplir con su deber marital y todos la pasan más o menos bien. Claro que es una excepción, no van a volver a hacerlo en lo inmediato. Pero él está contento porque haber visto a su mujer con otra mujer le permite tener una herramienta anímica con la que insuflar hemoglobina en un cuerpo cavernoso renuente al coito.Y ella se dio el gusto de hacer algunas cosas con su amiga de la adolescencia que tenía medio guardadas, e incluso la esperanza de repetirla. Nada, que el programa termina todo sonrisas.

Pero aquí viene lo interesante. Como dijimos, todo lo que es sexo es explícito y todo lo que no lo es -que ocupa poco más de la mitad del programa- es normal. Pero incluso el sexo está mostrado de modo documental, sin forzar ningún ángulo para que todo se vea más sexy o más excitante. Lo dicho: no es precisamente "excitante". Claro que el espectador que nunca vio porno puede sentir la pulsión, porque eso rompe lo esperado y se ven los genitales en acción, pero pasada la sorpresa todo es bastante normal, bastante menos un envío para calentar personas que para mostrar cómo son.

Lo que nos lleva a la conclusión de que excitar a un espectador -como asustarlo o hacerlo reír- requiere de arte, de cierta estilización, de cierta "falsedad" gráfica para que nos incentive la imaginación. La realidad es mucho menos glamorosa. El programa, de paso, es buenísimo.

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