Entre los muchos componentes de la identidad de una ciudad está ciertamente la valorización que sus habitantes y el Estado le asignan a las expresiones culturales. Buenos Aires, siempre se dijo, se siente una metrópoli aventajada en consumos culturales. El sector público –aun con idas y vueltasjuega aquí un papel clave, de estí- mulo e inclusión.

El Festival Internacional Buenos Aires Jazz concluyó esta semana su décima edición; diez celebraciones que derramaron en la ciudad una inyección de swing adictivo que ojalá tenga continuidad por varios años más.

Desde 2008 este festival ensambla visitas internacionales de categoría con expresiones de artistas locales que se despliegan por diversos barrios con música, baile, cine y manifestaciones varias. Su director, Adrián Iaies, trazó un balance de esta última edición: “Estoy muy conforme porque seguimos haciendo lo que habíamos proyectado desde un principio y que algunos decían que sería muy difícil de sostener: traer a artistas que no hubiera venido antes a Buenos Aires y que probablemente no lo harían en otras condiciones”, dijo a BAE Negocios. Destacó además que en el Festival de este año hubo más conciertos, más público y nuevas alternativas para explorar. Una novedad fueron las “intervenciones” jazzísticas en distintos puntos de la ciudad. La XLBrass Band irrumpió sorpresivamente con música e información del festival en el aeropuerto de Ezeiza, en los Barrios 20 y 31 y en la Fuente de las Nereidas. Por otra parte, se acondicionó una plaza frente a la Usina del Arte – principal sede del evento- donde hubo espectáculos nocturnos y se potenció la programación del anfi teatro del Parque Centenario, conducida con sobriedad por Jorge Freytag. El jazz en el cine tuvo su espacio en una cómoda sala de la Usina, donde entre otros fi lms se proyectó el recientemente estrenado documental sobre Bill Evans, Time Remembered.

El plato fuerte, por cierto, fueron las visitas internacionales. Esta vez con alta impronta del piano. Pasaron por Buenos Aires Gary Peacock, Marc Copland, Joey Baron, Matthew Shipp, Jacky Terrasson, Stephane Belmondo, Rita Marcotulli, Lina Nyberg, André Mehmari, María Pía De Vito y Ralph Alessi, entre otros. Para muchos, las presentaciones de Matthew Shipp, tanto en trío como en piano solo en el Salón Dorado del Colón, estuvieron entre las que dejarán huella en la memoria del festival. La otra actividad largamente celebrada fue el workshop de canto del extraordinario vocalista camerunés Gino Sitson, quien junto con la argentina Roxana Amed coordinaron tres días de mucho aprendizaje para cerca de 150 inscriptos.

Finalmente, se ratifi có un capítulo tradicional de este festival, que lo distingue de otros similares en ciudades europeas o norteamericanas: los cruces de músicos extranjeros con artistas locales. La base rítmica de Matthew Shipp dio cátedra junto a Pablo Ledesma, al igual que Mariano Loiá- cono con el baterista Earl Grice y muchos otros entreveros que con- fi rmaron algo que los jazzadictos locales saben de sobra: los músicos argentinos están para competir en las grandes ligas.