Los dueños del negocio de la distribución y la exhibición cinematográficas tienen motivos para estar contentos: más de un millón de espectadores en las salas del jueves al domingo. Todo gracias a la conjunción de dos tanques en la taquilla, cada uno de los cuales vendió más de 450.000 tickets. Uno fue el estreno Jurassic World 2, que se llevó el primer puesto; el otro, Los Increíbles 2, que continuó con su gran performance de la semana de estreno. Como curiosidad, proporcionalmente sucedió lo mismo que en los Estados Unidos, donde Jurassic... debutó el viernes: en la taquilla de su país, el filme sobre dinosaurios superó los u$ 150 millones mientras que Los Increíbles 2, en segunda semana, tuvo un impresionante desempeño de u$ 80 millones.

Puede parecer antojadiza la comparación dado el tamaño respectivo de los mercados, pero permite ver con absoluta claridad que el complejo de distribución y exhibición argentino han sido completamente formateados, durante dos décadas sin pausa y sin revisión, por las majors. Es cierto que en contextos de crisis económicas las recaudaciones tienden a bajar, pero si se revisan los números de lo que va de 2018, se verá que en realidad ha sido la ausencia de tanques la que hizo que ciertas semanas fueran demasiado flojas. También se verá que el formateo alcanza a gran parte del público: los éxitos y los fracasos son los mismos en los EE.UU. y en nuestro país.

Que cualquier otro tipo de película esté condenado, es así bastante obvio: el cine no se sostiene sobre las espaldas o los bolsillos del cinéfilo sino sobre las de quien solo va de tanto en tanto, cuando algo despierta su curiosidad o ver una película es necesario para formar parte de la conversación social. La prueba consiste en ver la diferencia entre el segundo puesto y el tercero, el estreno Cuando ellas quieren. Es una comedia con actrices importantes (aunque no en su momento más estelar) pensado para público adulto. Por cada espectador que la vio, fueron 16 a ver Los Increíbles 2. De allí hacia abajo, las diferencias se agrandan. Dejemos de lado los filmes que ya tienen mucho recorrido (Deadpool 2, que sigue sumando, o Avengers, que está terminando su carrera cerca de los tres millones de espectadores). Pensemos, también, que el mejor resultado argentino en lo que va del año es Animal, que aún no llegó al medio millón de entradas pero seguramente ese sea el techo de su carrera en salas. El panorama es preocupante para lo que resta de la temporada.

Todavía quedan tanques y es absolutamente seguro que durante las vacaciones de invierno va a haber buenas recaudaciones, que seguramente continúen en las primeras semanas de agosto. Luego vendrán las películas "grandes" argentinas, pero allí este año hay un problema: varios filmes (El ángel, Mi obra maestra, El amor menos pensado) que requieren de muchos espectadores agrupados en pocas semanas, ninguno de corte familiar. Es probable, aún, que 2018 sea el año récord. El problema consiste en la dependencia absoluta de los grandes espectáculos masivos. Crear audiencias hoy no es solo un imperativo cultural, sino también (y casi "sobre todo") una necesidad económica apremiante.

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