Especial desde Berlín

Con la proyección en carácter de premier mundial de la película Isle of Dogs, de Wes Anderson (Los excéntricos Tenembaum, Gran Hotel Budapest) comenzó formalmente el jueves pasado la edición número 68 de uno de los festivales más antiguos y prestigiosos del circuito internacional. No es habitual que una película de animación (en stop-motion, como la recordada Fantastic Mr. Fox, también de Anderson) sea la elegida para abrir la muestra, pero los pergaminos del realizador, las estrellas que participaron del proyecto y la necesidad de diferenciarse, de dejar en claro la heterogeneidad y diversidad de propuestas, seguro influyeron en la selección. Con la enorme sala del Berlinale Palast colmada, la prensa y los invitados recibieron con algarabía y aplausos la amable obra de un creador que algunos entienden agotado y perdido en el autoplagio y la decoración de interiores, pero que con esta pequeña joyita demuestra que sigue en pie, pensando y proponiendo pequeños cambios en su bella cosmogonía. Tampoco hay que olvidar el glamour y la alfombra roja (la Berlinale no lo hace). Y allí estuvieron algunos de los famosos que pusieron sus voces al proyecto animado, Bryan Cranston, Edward Norton, Bill Murray, Jeff Goldblum y Tilda Swinton. Sólo cabe esperar que, de tener la dicha de que esta bella historia que rescata la amistad más pura (la de los perros) pueda verse en Argentina, lo sea con las voces originales de quienes ayudaron a crearla, no sólo por su valor icónico y reconocible sino por la invasión que el horrible, explicativo y demagógico doblaje suele implicar en las películas (y esta, claro está, no parece dirigida especialmente al público infantil, que es el que necesitaría evitarse el “trabajo” de leer los subtítulos).

La película de apertura es una de las llamadas “proyecciones especiales” de la Competencia Oficial, pero no participa de las elegibles para ganar el preciado Oso de Oro. Las que participan de la contienda que decidirá el jurado integrado por el realizador alemán Tom Tykwer, la actriz belga Cécile de France, el español Chema Prado (ex director de la mítica Filmoteca Española), la productora norteamericana Adele Romanski, el músico y compositor japonés Rykichi Sakamoto y la crítica estadounidense Stephanie Zacharek son 19 películas entre las que destacan la muy esperada (y extensa, como casi siempre) Season of the Devil (Filipinas), de Lav Diaz; Transit (Alemania-Francia), de Christian Petzold; Don’t worry, he won’t get far on foot (EE. UU.), de Gus Van Sant; Dovlatov (Rusia-Polonia-Serbia), de Alexey German Jr., y Eva (Francia), de Benoît Jacquot, entre otras.

Este año no han sido seleccionadas películas argentinas para formar parte de la Competencia Oficial (no habitualmente la sección más interesante), pero el número de elegidas en otros apartados de la muestra es ciertamente llamativo e inusual: nueve largometrajes y dos cortos, y ello sin tomar en consideración las coproducciones en las que Argentina es socia minoritaria y el mercado. Con presencia en la sección Panorama (tres largometrajes), en la más prestigiosa y arriesgada Forum (tres largometrajes), en la sección Generation (dedicada al cine de temática juvenil: dos largometrajes y un cortometraje), en la competencia Berlinale Shorts (un cortometraje) y en Berlinale Special (donde se proyectará el nuevo documental de Fernando “Pino” Solanas), la presencia argentina es tan llamativa como diversa y convocante. Además nuestro cine participará del European Film Market, del Berlinale Co-Production Market y del foro de formación Berlinale Talents: como se dijo, una embajada muy nutrida.

La presencia argentina en la sección oficial no competitiva Panorama está conformada por las películas de Santiago Loza (ya participó de la Berlinale en 2013 con La paz) Malambo, el hombre bueno; de Sebastián Schjaer, La omisión, y Marilyn, de Martín Rodríguez Redondo (coproducción con Chile). Estas dos últimas pueden aspirar al premio a la mejor ópera prima, que considera a las primeras películas de todas las secciones. Marilyn, además, podría ser considerada para el Teddy Award, que distingue al mejor filme de temática LGBT.

En Forum, la presencia es femenina y con tres óperas primas (una sana característica de nuestro cine, que cabe destacar): La cama, de la actriz Mónica Lairana; Teatro de guerra, de la dramaturga y performer Lola Arias, y Con el viento, de la catalana Meritxell Colell Aparicio (coproducción con España).

En Generation, otra ópera prima, la de Alessia Chiesa, El día que resistía; la segunda película del cordobés Darío Mascambroni, Mochila de plomo (el año pasado pasó por aquí con Primero enero), y el cortometraje Toda mi alegría, de Micaela Gonzalo.

En la selección oficial de cortometrajes, Berlinale Shorts, compite por el Oso de Oro T.R.A.P., de Manque La Banca. Además no debería dejar de mencionarse el proyecto en desarrollo de la siempre interesante realizadora Albertina Carri, Los extraños de la montaña helada, que forma parte del Co-Production Market, y que puede dar una idea de que esta masiva y sólida presencia en la Berlinale se repita en el en próximas ediciones.