Los Estados Unidos, Canadá y México dejaron de lado el Nafta, ese a veces polémico tratado de libre comercio entre los tres países, y ya se logró un nuevo acuerdo que, de todas maneras, tiene que ser refrendado por el Congreso de los Estados Unidos. Las discusiones son muchas, pero una de las capitales tiene que ver con el negocio del entretenimiento. Las firmas estadounidenses creen que el nuevo acuerdo deja de lado puntos cruciales en lo que respecta a la defensa de los derechos de propiedad intelectual. Según las nuevas reglas, si una empresa proveedora de servicios de Internet avisa que hay, en alguno de los países firmantes del acuerdo, una violación a la propiedad intelectual y lo comunica a los derecho habientes, queda eximida de responsabilidad respecto de la piratería. Las empresas de contenidos creen que, de esta manera, el peso de la lucha contra la descarga ilegal cae en el creador del contenido y no en las empresas que disponen de la tecnología para difundirlos.

Es una vieja pelea, en realidad: si los ISP deben ser culpados por el uso que se hace de sus servicios. Es paradójico: si el negocio de los contenidos ha crecido en las últimas dos décadas ha sido, justamente, por el desarrollo de las tecnologías de transferencia de datos. Pero justamente esas tecnologías y esos avances son nlos que permiten que se incremente la piratería. La convivencia entre quienes crean y quienes difunden es una simbiosis problemática.

En un comunicado publicado el pasado lunes, Mitch Glazier, presidente de la Recording Industry Association of America (es decir, la entidad que reune a los productores de música de los Estados Unidos) dijo que "desafortunadamente, el texto del acuerdo propuesto no implica un avance adecuado a la protección moderna de los derechos de propiedad intelectual para los creadores estadounidenses. (à) En lugar de eso, se crea un paraguas que no condice con la realidad digital de hoy. Estas previsiones enriquecen a las plataformas que abusan de protecciones anacrónicas a expensas de los creadores estadounidenses y de la comunidad musical de nuestro país, que provee trabajos reales". Dicho de otro modo: al "salvar" a los ISP, el nuevo texto hace que sean los creadores los que tengan que "cuidarse" de la piratería. El texto adopta una medida de seguridad de hace veinte años, cuando era mucho menos posible, dada la tecnología, la piratería masiva.

El negocio de la propiedad intelectual es uno de los má importantes del mundo, central en la economía estadounidense y el que en realidad sostiene la mayor parte del entretenimiento. Los Estados Unidos es el mayor creador de marcas internacionales y contenidos de peso global.

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