Si existe un asunto que desvela a la humanidad desde el inicio de los tiempos es adónde vamos cuando morimos. Por supuesto, las distintas religiones que circundan el planeta tienen sus propias teorías y explicaciones sobre qué nos pasa cuando dejamos de respirar. Pero, discusiones estériles aparte -nadie fue y volvió con pruebas del supuesto Más Allá- la mayoría de las personas cree en "un lugar bueno" y "un lugar malo", adonde recalaremos según cómo hayamos obrado durante nuestro tiempo en la Tierra.

The good place, comedia ácida producida por NBC y que en nuestra región emite Netflix, es más que un entretenimiento: bajo la superficie de una sucesión de gags en apariencia medio tontos -sobre todo en los primeros episodios- subyace una crítica muy interesante a la hipocresía y el oportunismo humanos, con el plus de aprender o repasar algunos conceptos de filosofía y ética que no vienen nada mal.

Eleanor Shellstrop (Kristen Bell) muere de una manera bastante ridícula y, al abrir los ojos, es recibida por un amable anfitrión, Michael (Ted Danson) que le informa de su nuevo status y la tranquiliza al decirle que, afortunadamente, dada su honesta y desinteresada forma de vida, ha llegado a "el lugar bueno".

Allí todo es reluciente, la gente obviamente es bondadosa, y Eleanor vivirá en una casa diseñada a la medida de sus gustos. De yapa, le presentan a su alma gemela, el dulce y retraído Chidi, profesor universitario de ética y moral.

El césped es muy verde, nadie tiene que trabajar, y hay una suerte de inteligencia artificial virtual, Janet, que hace realidad cualquier deseo en el momento que uno lo pida. Así es, Eleonor está en un paraíso pero... ella sabe que no pertenece ahí y debe haber llegado por error.

Entonces, vemos cómo era la joven en su paso por la mortalidad: egoísta, chabacana, ventajera, casi alcohólica. No pasará mucho tiempo para que su nuevo compañero advierta la realidad, pero ante su pedido, intentará aleccionarla para ser buena persona y merecer estar allí.

Pero claro, ese error en esta "matrix" celestial traerá muchas consecuencias. Eleonor conocerá a sus vecinos, una encantadora india que tiene como alma gemela a un supuesto monje budista. Este equipo pasará por muchas aventuras que, sobre el final de la primera temporada, tendrán un twist divertido e inesperado.

La segunda parte es aún más ecléctica e impredecible. Quizá lo mejor de esta ficción es que muestra de manera cruda pero a la vez piadosa, lo peor de las personas y cómo todos fingimos, con más o menos frecuencia, ser mejores de lo que realmente somos.

El camino hacia la evolución espiritual está lleno de obstáculos, y todos sus protagonistas tienen mucho para aprender. Los incontables defectos del ser humano son retratados sin eufemismos, pero también hay espacio para ver el vaso "medio lleno".

Los personajes de The good place serán puestos a prueba constantemente, y se cerán sometidos a todo tipo de dilemas morales. La dos temporadas pueden verse actualmente en Netflix y el 28 de septiembre estrena la tercera.