En los ‘80, cuando la democracia volvió a Argentina, se rompió una especie de dique y muchas películas censuradas treparon a las carteleras. También llegaron obras de realizadores a los que conocíamos por relatos de viajeros, películas que -vistas hoy- uno no comprende por qué no entraban al país. Entre esos realizadores, el caso de Wim Wenders es central. Habíamos visto en Argentina algunas de sus películas (Alicia en las ciudades, El amigo americano, El miedo del arquero ante el tiro penal) pero otras habían quedado por ahí, incluso filmes importantísimos. Pero luego apareció la genial París, Texas y todo cambió, hubo una (breve) “Wendersmanía” con revisiones de obra anterior y de allí en más se estrenó casi todo. Entre los ‘70 y ‘80 hizo varias obras maestras que cuestionaban sobre todo la realización cinematográfica subrayando la existencia de una auténtica tradición. En su cine hay un costado romántico que se asocia a la cinefilia más dura. “La vida por el filme” fue, sobre todo en una obra como El estado de las cosas, una especie de premisa. De algún modo, también, Wenders reivindicaba las tecnologías más nuevas como herramientas de creación. Su gran tema, hasta Las alas del deseo, era la constante tensión entre la necesidad del artista y el aspecto comercial e industrial del cine. También el viaje: varias de sus películas son auténticas road movies (En el transcurso del tiempo, Alicia en las ciudades) porque el viaje es la mejor manera de registrar el movimiento. En muchos casos, Wenders adopta un cierto aliento trágico aunque nunca se subraya con el gesto melodramático; en otros, apela a cierto humor en sordina que genera una distancia respecto de lo que vemos.

Ingresar en el mundo de Wim Wenders es complejo pero, en su mejor período, genera grandes satisfacciones. Aquí van algunas películas (entre ellas, documentales más recientes)

1) El estado de las cosas. Empecemos por una “difícil”. Es la historia de un director de cine haciendo una remake europea de un clásico de ciencia ficción americano que se queda sin dinero. La producción se detiene y vemos cómo eso desgasta al equipo, hasta que el hombre decide ir a buscar al productor a América y enfrentarlo. En la superficie, es la metáfora del enfrentamiento entre Wenders y Francis Ford Coppola cuando el segundo lo contrató para hacer Hammett (otra película para ver). Pero es también una reflexión sobre hacia dónde debería ir el cine para no morir.

2) Alicia en las ciudades. Un periodista se hace amigo, en un aeropuerto, de una mujer y su hija de 9 años. Con ella la relación crece y ambos viajan por varias ciudades de Europa en busca de la abuela de la niña. Una película que es al mismo tiempo una observación muy precisa de nuestro mundo, un retrato de una amistad notable y una especie de cuento de hadas. Hoy, corrección política mediante y aunque sea totalmente inocente, irrealizable.

3) París, Texas. Su filme más bello y conmovedor. Un hombre (Harry Dean Stanton) decide reunir a su pequeño hijo con su madre (Nastassja Kinski) que trabaja en un peep show. El filme es una especie de remake de Más corazón que odio, y también una reflexión sobre el cine americano y su tradición de manejo del espacio, desde el desierto hasta el pequeño espacio privado del sexo.

4) Las alas del deseo. Esta película es la historia de la relación de los ángeles con los humanos. Son en realidad una serie de viñetas, que culminan con uno de esos seres (Bruno Ganz) volviéndose un humano para salvar una vida, y lo que sucede después. Poética y reflexiva pero nunca tonta, es además un bello paseo por una ciudad.

5) Pina. La película 3D de Wenders, un documental sobre Pina Bausch. La reconstrucción de los ballets está realizado con tres dimensiones, lo que le permite transmitir la sensación de ver un espectáculo teatral y admitir que sólo el cine puede lograrlo. Paradójica y bellísima.