Precoz y prolífico, Andrés Calamaro siempre supo rodearse de buenas compañías, al menos en lo musical. Desde su debut discográfico en una de las tantas formaciones de Raíces, aquel grupo con alma de camdombe, hasta su relación de amor y odio fluctuante con Charly Garcia, muchas canciones iniciáticas se nutrieron de colaboraciones de lujo. La reedición retro en vinilo -incluye CD- de sus dos primeros trabajos solistas es una buena muestra de ese feedback tan valioso y conveniente.

Sin abandonar la cresta de la ola sobre la que surfeaba junto a los Abuelos de la Nada, un inquieto Andrés se tomaba ya su tiempo para alumbrar desde el título un tributo al Morrison de los Doors con “Hotel Calamaro” (1984). La lista de invitados, ideal para animar cualquier fiesta ochentosa, incluye al propio García, el trío GIT, David Lebón, Pipo Cipollati y... Fabio Zerpa, en el desopilante (por lo serio) monólogo en medio de aquel tema que lo invoca.

La escasa suerte comercial que tuvo entonces el trabajo no se corresponde quizás con la difusión de algunos de sus surcos más recordables como “Otro amor en Avellaneda”.

Sin tomarse respiro, al año siguiente Calamaro adopta el personaje del sobretodo para la tapa ilustada de “Vida cruel”. Otro seleccionado del rock nacional de entonces le pone garra al intento por diferenciarse de su faceta abuelística. Además de García, los créditos citan a Spinetta, Pettinato, Stuka.

En ambos LPs (vale decirlo así) se transmite el mismo clima de época, jolgorio democrático mediante, que desde la perspectiva actual puede resultar menos irreverente que naif.

Pero en cualquier caso, vienen a ratificar la sentencia que los prologa y justifica: “las canciones tienen que dar la sensación de poder detener el tiempo”.

Ayer nomás, en Calamaro.