Un joven vive una vida gris, tanto que se registra en blanco y negro. Aunque aquí y allá hay algo de color, un poco absurdo pero real. Aparece un amigo y suceden ciertas casualidades que es mejor no contar, pero que, surgidas de lo cotidiano, tiñen todo de surreal, de puro humor asordinado que recuerda cómo vemos nuestra realidad cotidiana desde un prisma surrealista cada vez que nos pasa algo que no podemos creer (pero sucede). El uso de la voz en off es una especie de contrapunto melódico respecto de la trama que parece inverosímil pero no lo es, y que va ganando poco a poco al espectador sin cambios bruscos de tono ni artificios sacados de la galera. Una rareza agradable.