Más de una vez se ha dicho que el Festival de Cannes es solo una excusa para el Marché International du Film, que se desarrolla en el mismo Palais du Festival, salvo que debajo de las salas de prensa y de las inmensas Debussy y Lumière donde se proyectan las Competencias y se desarrollan las alfombras rojas. Bueno, no solo ahí: también -y sobre todo- en los hoteles de lujo alrededor de esas tres o cuatro manzanas que implican toda la actividad cannoise. Este año, el balance que hace Variety de la actividad del mercado finge ser optimista aunque, entre líneas, se deja ver que hay una crisis que no encuentra saluda. La palabra m{as repetida en las entrevistas y las conversaciones con los productores y dueños de derechos es "toguh", "duro". El mercado está duro.

De todos modos, se realizaron importantes ventas de proyectos, pero hubo más tratos en Berlín. Los productores van a Cannes a buscar financiación para terminar las películas a partir de la venta de derechos de exhibición por adelantado. Pero este año los compradores no buscaban proyectos sino películas terminadas, especialmente si tenían lugar en el circuito de festivales. Eso se debe a que el circuito internacional de arte y ensayo, es decir donde van a parar hoy las películas no familiares o no saturadas de efectos especiales, se ha reducido muchísimo. Por lo tanto, se compra lo que "se conoce" en el circuito, lo que periodistas y críticos viajeros van recomendando de lo que se ve en las muestras (que finalmente se estandarizan alrededor de un solo tipo de cine, por otro lado, especialmente las grandes). Es decir, se apuesta sobre seguro. Y sobre cosas ya terminadas: el control debe ser total porque el riesgo es demasiado grande.

En ese contexto, podría considerarse una buena noticia que Netflix se haya garantizado los derechos de un par de películas premiadas -entre ellas la muy aplaudida Lazzaro Felice, de Alice Rohrwacher- para su exhibición en América Latina y algunos otros mercados. En realidad es una noticia pésima: que una de las niñas mimadas del circuito a partir de Cannes se vea en el hogar a través del SVOD canónico implica que el circuito de arte y ensayo en nuestro territorio agoniza o directamente está muerto. Netflix, por otro lado, fue un gran comprador de películas, pero en eso reside la causa de que haya menos compras para cines chicos. El ecosistema audiovisual cambió y Cannes demuestra que no es inmune. El cine en salas quizás sea solo para l pirotecnia.

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