Se dieron a conocer los datos de la industria del cine durante 2017 y se publicaron en Variety. Hay tres sorpresas enormes. La primera, que el negocio creció y estableció un récord histórico de u$ 40.600 millones. La segunda, que esto se debió a la recuperadción china de la segunda mitad del año, principalmente, porque en los Estados Unidos la recaudación bajó un 2% interanual. La tercera, que el negocio de ver cine en casa, medido por primera vez, recaudó u$ 47.000 millones. Es decir, es más grande que el cine en salas.

Lo de los EE.UU. es peor. El negocio recaudó u$ 11.100 millones en ese territorio, comparado con los u$ 11.600 de 2016. Pero el problema consiste en que hubo un aumenton en el precio de las entradas: en realidad la caída en la venta de tickets en el hasta ahora mercado fílmico más grande del mundo (aunque, como informamos ayer, el primer trimestre de 2018 lo ganó China) es de 6%. Es muchísimo.

¿A qué se debe? El negocio del blockbuster es un juego de mucho riesgo y poca ganancia asegurada. Para que un tanque de u$ 200 millones pueda hacer alguna diferencia, debe recaudar en el país de origen -los EE.UU., digamos- una vez y media su costo en poquísimo tiempo, dos semanas, las que tiene cada "tanque" en una no declarada exclusividad de cartelera (los "tanques" no compiten entre sí). Si no lo logra, caen demasiado rápido. Las franquicias y continuaciones empiezan a agotar al público y generan la pregunta "si no vi la anterior, ¿entenderé esta?" que aleja gente de las salas. Y se sabe: el núcleo duro de fanáticos de algo no sirve para ganar. Ni en el box office ni en la política.

China reapreció su moneda y el negocio crece. Pero además, tanto en ese país como en mercados como Europa o incluso América Latina, ha crecido el sector de films comerciales de gran público que compiten por un segmento que el tanque deja de lado: el espectador adulto. A medida que ese sector crece, pierde el tanque, que por otro lado -corrección política mediante- se vuelve cada vez más local. Por eso es que Pantera Negra o Un viaje en el tiempo, filmes que apelan a la reivindicación de los afroamericanos -un tema estadounidense- recaudan más en el país de origen que en otros. Dentro de los EE.UU,, justamente, la franquicia o apelar a minorías con espectáculos demasiado grandes, salvo excepciones, resulta mal negocio.

Y lo del streaming es sorprendente, pero no tanto. La variedad de plataformas y la multiplicaciónn de contenidos hace que las alternativas sean mayores que en las salas. Pero no solo eso: la accesibilidad gigante de tecnología para ver con calidad cinematográfica y alta definición de imagen y sonido, más el crecimiento global de la banda ancha, hacen que solo se "vaya al cine" a ver algo que ofrece lo que el home theater o el dispositivo móvil, no. Eso también explica que le gane al cine: más para ver, más cómodo y con mínimas diferencias.

Estas cifras hablan de una encrucijada notable. Será interesante ver los números de 2018 y comprobar si estos datos son fluctuantes o si el año pasado fue la gran bisagra del negocio audiovisual.

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