Mientras de termina el año 2018, la gran pregunta que se hace Hollywood es si el próximo 31 de diciembre podrá hablarse de un nuevo año récord en las recaudaciones cinematográficas. El asunto es especialmente importante en un momento en el que el negocio de exhibir películas atraviesa desafíos como el creciente peso del SVOD en la experiencia audiovisual global o las constantes tensiones que las grandes empresas de exhibición y distribución tienen que ver con la guerra comercial que aparece entre los Estados Unidos y China (por no hablar del mundo árabe, donde cadenas como AMC, la mayor exhibidora global, espera expandirse). Los números del tercer trimestre de este año son para ilusionarse. En general -y lo mismo sucede con el mimético mercado argentino- los meses posteriores a la temporada alta de grandes tanques (de mayo a agosto, poco más o menos) son lentos en recaudaciones. Pero contra lo que se esperaba, películas como Venom, Nace una estrella, Halloween y la maltratada por la crítica y aplaudida por el público Bohemian Rhapsody lograron convocatorias muy por encima de la media de la época, lo que permite especular con un nuevo pico en las recaudaciones. Los analistas además ven que estos números no son solamente producto del aumento en el precio promedio de los tickets. Literalmente se venden más tickets, más gente está interesada en ver estas películas. Es un tema crucial: saber si se trata de una casualidad o de una tendencia el regreso aparente del público a las salas.

En 2017 se prendieron demasiadas alarmas. Películas de enormísimo presupuesto de las que se esperaba que encendieran nuevas franquicias o revivieran algunas alicaídas (Variety, de donde extraemos estos datos, cita la última Transformers o la fallida La Momia). Todos esperaban que el mercado siguiera funcionando como en el año récord 2015, cuando la taquilla global logró recaudar u$s38.000 millones y solo en los EE.UU. logró u$s11.000 millones. Las proyecciones de este año parecen -al menos en los EE.UU.- superar esa marca, a pesar de notorios fracasos como Han Solo y El Cascanueces y los Cuatro Reinos, ambas de Disney, que de todos modos tienen dos de las películas más vistas del año: Pantera Negra y Avengers-Infinity War.

Y allí reside el dilema. Salvo un par de títulos (Animales Fantásticos, El grinch, la secuela de Mary Poppins, Aquamán) es muy poco lo que hay en gateras para el último trimestre del año, aunque por ahora los números sonríen. No pasa lo mismo en la Argentina, donde la crisis ahora sí se siente en la venta de entradas. El final global es abierto.