- ¿Cómo definirías al policial latinoamericano?

-Me parece que, por las condiciones de América Latina, muchas veces la pregunta que plantea el policial latinoamericano no es quién mató a quién sino para qué. A diferencia de Europa y Estados Unidos, los latinoamericanos sabemos que, aunque atrapen al asesino, no precisamente se hará justicia. De esta manera, el detective se desdibuja y el policía ni se diga. El género en AL está impregnado por la corrupción. Además, es menos sutil, las muertes y las situaciones son sangrientas. Piensa, por ejemplo, en Santiago Nasar, de Crónica de una muerte anunciada, lo matan ¡destazado! Además, el policial y género negro suele tener una pata dentro de la realidad social y muchas veces los crímenes se gestan desde el estado: las dictaduras, gobiernos represivos y corruptos son fuente inagotable de horror y ahora lo está siendo el narcotráfico. Pienso también en el mexicano Jorge Ibargüengoitia, que con su novela Las Muertas vincula al policial con el periodismo y la realidad entonces se ficciona. Desgraciadamente en nuestra región hay realidades tan atroces, que terminan encuadradas en el género policial y de novela negra.

- ¿Hay casos reales entre los que narras?

-No hay casos reales como tal, pero sí inspiraciones. Lo que me sucede es que cuando pasa algo muy horroroso en México, me genera mucha angustia, más estando lejos porque pierdo la magnitud de las cosas. Entonces suelo escribir cuentos. Varios de esos cuentos se convirtieron en capítulos para esta novela. Por ejemplo, El miedo de Alba era un cuento que escribí luego de que tres estudiantes de cine fueron asesinados por un grupo narco en Guadalajara. Los chicos fueron a una casa a grabar algo para una tarea, la casa tuvo la mala fortuna de ser vecina a una cocina de droga. Al ver las cámaras, los narcos reaccionaron y los chicos terminaron muertos de una forma muy fea. Fue por eso que escribí un texto dedicado al miedo. Después lo ajusté para que encajara con la novela.

- ¿Cómo es narrar el narcotráfico desde la ficción?

-Yo soy periodista y siempre me moví en el terreno de los hechos. Casi te puedo decir que padecí mucho la escritura de la novela porque no sabía qué iba pasar en la historia. En el periodismo yo recopilo información y la estructuro. Cuando me siento a escribir ya tengo la historia completa. Una cabecita que rebota fue un constante caminar sobre cáscaras de huevo. Por otra parte, yo me cuestioné mucho si este libro tenía que existir o no… y todavía no encuentro una respuesta tajante. Entiendo que es violento y que tal vez es momento de detener esos estímulos. Encontré una justificación en esa teoría de la comunicación que dice que las noticias relacionadas a la violencia son tan fuertes que el cerebro las procesa de la misma manera que procesa la ficción. Fue por eso que fuimos capaces de ver en vivo la guerra del Golfo Pérsico (la primera televisada) mientras desayunábamos cereal. Mi intención entonces con la ficción es hacer el camino inverso. Apostar a que la ficción, justo porque no existe, nos permita procesar lo que está pasando, nos permita reconocerlo. Con esto no quiero decir que mi libro tenga una función, yo no sé lo que le va a pasar al lector cuando lo lea, pero a mí me permitió reconocer que estoy preocupada, asustada y, sobre todo, muy triste.

- ¿Cómo atraviesa la vida de las mujeres el narcotráfico?

-Lo que está haciendo el narcotráfico en México, en general, es que cosifica los cuerpos tanto femeninos como masculinos, tanto de adultos como de niños. Pero como bien apuntas con tu pregunta, afecta de manera diferente según el género y la edad. Las mujeres están presentes en toda la cadena del mercado del narcotráfico cultivando, fabricando, distribuyendo e incluso consumiendo droga. Pero la forma en la que se manifiesta esa cosificación es diferente. Puedo mencionar como punta de lanza el drama de los feminicidios y la trata. Como lo expongo en las notas finales, la mayoría de las mujeres desaparecidas en México está en el rango de12 a 17 años. Pero también se están criminalizando más, son carne de cañón. Algunas notas de prensa exponen que a partir de la mal llamada guerra contra el narcotráfico inventada por el ex Presidente Felipe Calderón en 2006, la población carcelaria femenina aumentó cerca de 62%. Las mujeres que se involucran en actividades como producción y transporte de drogas son más susceptibles que los hombres en iguales posiciones a ser capturadas por las autoridades. También está cambiando la estética. En ciertos estratos florece la figura de la buchona totalmente emanada de la narcocultura. Se trata de mujeres que se plantan como objeto cuyo valor reside en la cantidad de cirugías que un hombre les pudo pagar. Ostentan marcas, curvas, etc. Es parte de lo que ellas creen que les da valor, pero también las hace creen que pertenecen al hombre que les pagó las cirugías.Y, por último, las mujeres también están encabezando los procesos de búsqueda de desaparecidos, desaparecidas y narcofosas. Es decir, como suele suceder en los contextos de violencia, son las mujeres la que comienzan a zanjar el camino para la reestructuración social.

- La trata también aparece en tu novela, ¿tuviste que investigar sobre el tema?

-En realidad, mi novela está muy fundamentada con notas periodísticas, papers y entrevistas. En la escena de la cárcel, por ejemplo, me ayudaron mucho dos abogadas y para armar los espacios me basé en los planos de un penal en una ciudad mexicana. La figura de las mujeres en mi novela tiene mucha influencia de la tesis doctoral Aquí la cabrona soy yo. Cuerpos y subjetividades femeninas en la narcocultura de la frontera norte de México, de Kenya Herrera. Es un documento escrito de una forma bellísima que aborda cómo la ficción suele narrar a las mujeres en el narcotráfico vs cómo realmente es su situación.

.- ¿Qué te gustaría que el lector encuentre en esta novela?

-Yo, sobre todas las cosas, escribo para entretener. Me gustaría que el lector encuentre una historia que le sea relevante y que lo atrape. Mi sueño es que se le pasen los fideos por estar leyendo mi novela.

- ¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

-El vicio me agarró muy chiquita. Tenía 14 años y en la clase de español de la secundaria nos dejaron hacer un poema. Yo escribí uno que comparaba al amor con una baranda (vamos, que a esa edad no había dado ni un beso)… pero rimaba y al leerlo mis compañeros me aplaudieron. Fue ahí cuando supe que para mí no había otra forma más bonita de vivir que escribiendo.

- ¿Consideras que el narcotráfico y la violencia a veces se naturalizan?

-Sí, pero insisto en que es una protección social. La realidad apabulla y la única forma de poder salir a la calle es naturalizando el espanto. Yo soy de una ciudad que se llama Guadalajara. En 2018 la morgue se vio rebasada de cuerpos no identificados. Entonces las autoridades los metieron una caja refrigerante adentro de un tráiler. El tráiler estuvo del tingo al tango por la ciudad durante varios días, de pronto aparecía estacionado en un lado, después en el otro. Al final, por las quejas ciudadanas, lo metieron en una bodega.¿Te imaginas lo que es eso, ir manejando de regreso a tu casa y ver el tráiler con el logo de la morgue en una calle, sabiendo que está lleno de cadáveres, percibiendo el olor y no poder hacer nada? El único recurso que tienes entonces es la normalización.