Lara Croft es un ícono del mundo de los videojuegos que nació -naturaleza de su entorno mediante- con destino de cine. De hecho, sus aventuras digitales son, de algún modo, cinematográficas. Al principio de este siglo, la interpretó Angelina Jolie. Las películas eran malas por fallas en al dirección (la segunda no tanto, a cargo de Jan de Bont), pero el icono quedó más o menos intacto. Esta actualización con Alicia Vikander en el rol tiene más aciertos. El principal es que uno crea que el personaje corre riesgos reales, lo que es esencial para una película de aventuras. Además, el diseño del personaje -más delgado, menos hipertrófico, es decir menos artificialmente sexy- ayuda a que el espectador se ponga de su lado rápidamente. La trama no es una maravilla y los diálogos a veces son improcedentes. Pero se trata de una aventura clásica que respeta al espectador. Y eso, hoy en día, no abunda.