- ¿Cómo surgió la idea del libro?

- Soy escritor y me apasiona contar sensaciones y experiencias. Ya lo había hecho con "Hazaña en Gibraltar", una obra donde relato la aventura de unir Europa y África a nado. En el caso de Malvinas, fue tan fuerte la vivencia que hicieron falta casi cinco años para aquietar pasiones y lograr una visión más ecuánime y transparente. 

- ¿Cómo fue la experiencia de nadar en las Islas Malvinas?

- Tuve el honor de unir a nado las dos islas por el estrecho de San Carlos. La travesía demandó algo más de dos horas con el agua a dos grados de temperatura. Al lugar elegido para este cruce se lo conoce como "el corredor de las bombas". Allí desembarcaron las tropas británicas en 1982 en medio de un escenario de sangre y fuego. Sin embargo, el día de mi travesía era un páramo de paz y quietud. Es increíble como un mismo escenario puede variar de acuerdo a sus circunstancias fácticas.

- ¿Qué significó para vos?

- Soy nacido en el año 1961 y por muy poco no me tocó participar. A inicios de junio de 1982, en pleno conflicto bélico recibí una notificación del Estado Mayor de la Armada. La misiva ordenaba no alejarme a más de 40 kilómetros de casa porque como reservista, podría ser convocado en cualquier momento. La misma nota recibió Pablo, mi hermano mayor clase 1960 que, por haber pedido prórroga, había hecho el servicio militar conmigo, y también en la Marina. Por su parte, Martín, el tercero de los hermanos, de 1963, estaba por entonces cumpliendo su servicio militar en la Prefectura Naval Argentina, pero no había sido movilizado a la zona de combates.  El conflicto armado culminó a los pocos días, pero de extenderse un par de semanas más, seguramente hubiese sido de la partida. 

- ¿Qué recordas de las islas?

- Absolutamente todo. La rugosidad de cada piedra, el verde mustio de las praderas, la transparencia de sus mares, el rigor de los vientos. Aun se me hiela el alma rememorar aquella caminata entre las tumbas de nuestros héroes en el Cementerio Argentino. Todavía despierto a mitad de la noche imaginando aquellos campos de batalla. En Malvinas se peleó de noche, cuerpo a cuerpo y con bayoneta. El espectáculo dantesco que se vivió durante los últimos combates en el Monte Longdon fue tal, que en sus manuales de instrucción el Ejército británico define a esta contienda como "el ejemplo clásico del horror que representa la guerra para el combatiente. Aún quedan en los sitios de enfrentamiento, verdaderos museos a cielo abierto, con armamento, trincheras, balas y demás rezagos de un conflicto bélico que nos marcará por siempre.

- ¿Qué tiempo de investigación te llevó el libro?

- Durante los más de cuatro años que separan el cruce a nado de la aparición del libro, recopilé datos y entrevisté a los principales actores del conflicto. También accedí a información desclasificada de los gobiernos de Argentina, Reino Unido, Perú y Estados Unidos.  Como la propuesta de este libro es contar en paralelo la aventura del cruce a nado desde sus inicios, y develar historias de la guerra, la investigación, terminó jugando un rol esencial.

-Entre las historias que encontraste ¿cuál te impactó más?

-Alejandro Príncipe fue partícipe de una de las historias más enternecedoras de la guerra. En abril de 1982 la pequeña Anna Ingala escribió una carta a uno de los tantos soldaditos que estaba defendiendo la patria en Malvinas. Poco tiempo después recibió la respuesta de un soldado llamado Príncipe que le relataba lo que estaba viviendo en las islas y, sobre todo, el frío intenso que lo invadía. La misiva fue contestada de inmediato por Anna, pero pocos días antes de la culminación de la guerra le fue devuelta al remitente. Los años pasaron y Anna creció, pero siempre le quedó grabado el nombre de Príncipe. En 1991, mientras viajaba hacia su trabajo en colectivo, un sentimiento irrefrenable la obligó a descender frente al cenotafio que recuerda a los caídos en Malvinas en las barrancas de Retiro. Con el corazón que le explotaba recorrió de punta a punta los nombres grabados en la piedra, ¡y Príncipe no figuraba! Los años siguieron pasando y sus búsquedas no daban resultado en ninguno de los archivos a los que tuvo acceso, hasta que la tecnología hizo el milagro. En octubre de 2010 Anna se propuso buscarlo a través de la red social Facebook, un espacio cibernético que lo tiene a Príncipe como asiduo participante. "Soy Alejandro Príncipe y estuve en Malvinas. Si estás segura de que soy yo, por favor contactate conmigo. Para mí es muy importante". Con esta frase, el soldadito volvía a contestarle a aquella niña de escuela, 28 años después.

- ¿Qué es lo que te gustaría que el lector encuentre?

-Ante todo, un reconocimiento a quienes se jugaron la vida por la patria a través del rescate de historias de heroísmo poco conocidas. También intento mostrar cómo se gestó esta aventura, la locura de mis dos ex compañeros del primario, Pablo Lima y Guillermo Luder que, sin dudarlo un segundo, me acompañaron al fin del mundo, y el enajenado Capitán del "Mago del Sur", que navegó sin escalas con su velero desde Uruguay a Malvinas para hacer el soporte de la travesía.

- ¿Cambio tu mirada sobre las islas?

-Pisar ese suelo bendito, caminar los mismos senderos y acariciar los mismos mares que nuestros héroes, o ser encargados de depositar un rosario especialmente enviado por el Papa Francisco en una de las cruces del cementerio argentino, son sólo pequeños ejemplos de la privilegiada experiencia que tocó vivir. El término patria es originario del latín "patrĭa" y alude al país de origen o lugar donde se encuentran las raíces de un individuo. En Malvinas aprendí que es mucho más que eso. Es el lugar en el que flamea otra bandera, pero donde la celeste y blanca está más presente que nunca. Es donde un par de islas te iluminan el corazón y son capaces de hacerte temblar el alma de emoción.

- ¿Te parece que se le da el lugar que les corresponde a los héroes de Malvinas?

-En los últimos años creció por suerte el reconocimiento. De todos modos, nunca va a alcanzar lo que hagamos por ellos. Todo será poco. Están los héroes que quedaron en las islas, pero también los que volvieron. Tenemos héroes caminando entre nosotros y es nuestra obligación honrarlos cada segundo.  Desde que regresé de Malvinas siempre digo a quien tenga la dicha de estar cerca de un Veterano de Guerra de Malvinas, que lo abrace fuerte. Es lo más cerca que estará de abrazar a la patria.

- ¿En qué te cambió tu experiencia a nado?

-El tiempo transcurrido demostró que la natación fue solo un vehículo que posibilitó conocer de cerca y amar aún más la gesta de Malvinas y a cada uno de los héroes que entregaron sus vidas a la patria.  

- ¿Te parece que se sabe poco de la guerra?

-Es escaso el conocimiento de la historia argentina reciente, y esto en parte se debe a los programas de estudio que difícilmente llegan más allá del año 1930. Mi libro aspira a llenar parte de este vacío en un hecho que tuvo tremendas implicancias para el país.

-¿Fue doloroso escribir este libro?

-Impotencia, bronca, dolor. Todos estos fantasmas sobrevolaron al escribir esta obra.  Más de una vez interrumpí la escritura porque el llanto nublaba la vista. Junio de 1982, colina de Tumbledown. En un momento de la batalla, y con los ingleses encima, el comandante del Batallón de Infantería 5,Carlos H. Robacio, ordenó colocar los obuses a 90 grados y disparar al cielo. Los proyectiles que cayeran podían producir bajas propias, pero también de los ingleses. ¿Cómo no estremecerse al imaginar esta situación?