¿Cómo surgió la idea de esta novela?

-Esta novela es menos una intencionalidad que una persistencia. La idea de contar la vida de las ciudades del interior y sus modos y costumbres era una inquietud que tenía desde hace ya tiempo. No imaginé, cuando comencé a escribir El Brujo, que derivaría la historia para el destino que finalmente tuvo. En un momento primero la expectativa era de describir escenas y lugares sociales y culturales frecuentes en esos conglomerados urbanos donde el tiempo y las urgencias son mitigadas por la constancia de la rutina cultural. De a poco y con el paso de las primeras páginas escritas, fueron ganado presencia los personajes principales y así los diálogos le tomaron terreno a las reflexiones y las imágenes. Por ende, la novela fue la idea que luego se plasmó y no al revés. Es curioso, pero suele tener esa impronta mi vínculo con la literatura. Más que escribir, soy escrito por ella.

-¿Por qué el titulo?

-Buscaba un nombre corto que diera pie a la imaginación del lector en su primer encuentro con la novela. Siempre he creído que los títulos son llaves de acceso, como también las tapas de los libros o la imagen que se utiliza para promocionarlos. Mi desafío con darle un nombre a la novela era que quien la lea tenga luego de ello la posibilidad de decir en dos palabras de qué se trata la trama y, desde mi intención, el nombre de la novela lo logra, o al menos lo intenta. Por otra parte, algo del oscurantismo trasunta en el título y con él la generación del deseo por saber qué ofrecen las páginas que nombra. Leer una novela es ser cada personaje y todos los personajes a la vez. Y el brujo, dentro del relato, es la amalgama y coadyuvante de ellos.

-¿Cómo define la relación entre este brujo y el adolescente?

- Es inicialmente asimétrica; la edad y las expectativas son tan disímiles como complementarias. El adolescente tiene algo así como una academia por interlocutor y el brujo se enfrenta a un curioso que educar, cuando menos, si no que fisgonear en su vocación por el arte de elegir en función de los propios sueños y anhelos. Con el paso del tiempo la relación muda en confraternidad y aprendizaje mutuo, cada cual obteniendo de ese vínculo lo que le resulta tentador y desafiante, educativo y disruptivo también, porque los unen más cosas de las que se explicitan en la relación al principio. Finalmente, la relación muda en una búsqueda de trascendencia en el brujo y un encuentro con la propia identidad en el adolescente.

-¿Cómo se modifican cada uno?

-Esta respuesta es tan amplia como cada lector que ingrese en el mundo al que lo invito. En mi caso y hasta puedo decir a mí, me parece que cada cual se modificó a partir de conocer lo que no es visible, lo que anida en el deseo y la perseverancia por ir hacia él. El brujo muda en docente y paternal guía en el camino del adolescente por ese deseo, y el adolescente se convierte en el interlocutor que aspira a ir más allá de sus tormentos y circunstancias a través de lo que aprende, aplica, disfruta y padece de las experiencias del brujo.

-¿Que le costó dejar de los personajes?

-La posibilidad de llevarlos a nuevas escenas y experiencias. Cada personaje en su modo de actuar y participar en la trama es de alguna manera un rasgo de carácter de quien lo escribe y describe. Desde esa perspectiva, lo que cuesta es dejar partes de uno mismo. Y como siempre es difícil dar por terminada una novela por la cuota de duelo que implica, debo decirte que lo que finalmente cuesta es saber, como dice el Eclesiastés, que todo tiene su tiempo bajo el sol.

-¿Es difícil que un brujo sea protagonista en una novela? ¿Temía que genere prejuicio?

-Hay tantos brujos y brujas en la literatura sin que se los haya nombrado así que mi única búsqueda fue que las cosas sean dichas por su nombre. En la novela el brujo es todo lo contrario a alguien prejuicioso, tiene principios éticos y culturales que lo ponen del lado de la marginalidad educativa, el capricho por vivir guiado por las convicciones. Es un brujo que tiene el poder de mostrar sin decir y ocultar sin esconder. Dicho esto, no sólo que no es difícil que sea el protagonista sino que es una condición de base para que el argumento tenga dignidad literaria y congruencia argumental.

-¿Qué le gustaría que el lector encuentre?

-Quisiera que encuentre parte de su historia. Historia de vida, historia de sus pensamientos y deseos, historia de sus vínculos y sus afectos. También la realización de anhelos demorados o incompletos, de escenas que las circunstancias de su propia vida no le permitieron hasta ahora realizar o expectativas que su contexto histórico inhibieron. Que encuentre personajes que perciba como reales, de los que uno puede encontrar en la vida real; escenas que hubiese querido tener o que tuvo y las páginas le evocan. En definitiva, que encuentre tanto como pueda y hasta donde el placer lo acompañe.

-¿Cuándo supo que querías ser escritor?

-Cuando me fue imposible guardarme las emociones, empecé a escribir para desalojar pensamientos, ideas, escenas, sueños, frustraciones y proyectos y leerme, primero siempre leerme antes de ponerlo a consideración. También fue una búsqueda por el placer de la estética de las palabras, los modos de decir las cosas, la forma de proponer un estilo. Quise ser escritor el día que sentí que era menor decirlo que reservarlo.

-¿Tiene miedo a la hoja en blanco?

-No lo llamaría miedo, sí respeto y hasta humildad. Percibo la hoja en blanco como la condición de posibilidad de escribir y no como la frustración de que las letras no se agolpan por salir de la mano o el teclado. Escribir es un acto gratuito, nace en el propio placer. Por ende la hoja en blanco es la libertad extrema, nada ha sido dicho aun y queda todo por hacer. Es la construcción con 29 letras y un puñado de símbolos para otorgarle sentido, congruencia y estética como único material disponibles; no es mucho salvo que se sepa que las combinaciones son infinitas y al momento de incorporar esa conciencia llega el momento de sentir que la hoja en blanco es una invitación, un desafío y un acicate.

-¿Tiene rutina para escribir?

-No, de ningún tipo. Soy haragán al respecto y no reniego de ello. Escribo cuando me impulsa el deseo. Eso es lo que me diferencia de un escritor cabal, escribo bajo el matiz de la inspiración y la voluntad de sentarme a hacerlo. Cuando no hay eso, no hay escritura ni escritor.

-¿Cuál es el rol de la literatura?

-Denunciar lo bueno y lo malo, expresar todas las emociones e invitar a que quienes no lo logran escribiendo lo hagan leyendo, soñar por sí y por los demás, testificar a los hombres y mujeres y su vida, la visible y la oculta, mostrar las miserias humanas, invitar a pensar, reflexionar, poder cambiar de parecer. Para resumirlo: la literatura es de algún modo condición de posibilidad para la vida anímica. Y no es necesario ser escritor o lector, lo que es necesario es saber que en el mismo momento que se reúnen dos significantes, aparece siempre un significado. Hay también literatura, según mi parecer, en las voces y los silencios.

-¿Cuánto hay de brujería en nuestra vida cotidiana?

-Creo en distintos modos de brujería. La de quien adivina o intuye el futuro y lo da por cierto como la de quien hace de esto un oficio y se pone a disposición de ese arte. La vida cotidiana tiene de brujería la misma proporción que de magia, todo depende del lugar en que uno se pare a mirar y sentir.