Con precios que parten desde 50 pesos, prendas organizadas en percheros por colores y una curaduría que cuida la calidad, el estado y el estilo del modelo, los locales de ropa usada ganan atractivo para un público multitudinario. Atraen cada día a nuevos consumidores, que ven en esta opción una aliada para hacer frente a la crisis económica, ya sea para vender lo que ya no usan o para comprar a precios mucho más accesibles.

En sucursales que se reproducen en los principales barrios de la ciudad o mediante galerías virtuales con el formato online, responden también al contagio de una cultura del desapego, del consumo responsable y el cuidado del medio ambiente.

Tres veinteañeros con cuidado look hipster hacen fila con un par de prendas que eligieron en la mano. "Nada mal. Está bueno para la macrisis", comentan mirando a su alrededor las remeras y jeans ordenaditos en los percheros del Galpón de Ropa. Es sábado y el local está repleto. En otra larga fila, varias personas llegan con bolsos pesados con indumentaria para vender.

La empresa, que nació en vendiendo ropa online en 2012, ya tiene locales en Las Cañitas (con una sección para chicos), Belgrano y Almagro. Según comentan las vendedoras, el público no para de crecer. Sobre todo se observa más gente vendiendo hacia fin de mes, cuando el bolsillo está vacío y se buscan recursos.

“Mientras que algunos deciden abordar la moda sustentable desde los recursos que utilizan para la confección de sus prendas, en Galpón de Ropa le pegamos la vuelta y decidimos enfocarnos en encontrar un nuevo hábitat para las cientos de miles de prendas de las que la gente decide desprenderse”, explican desde la web del emprendimiento donde apuntan además que en la ciudad se generan más de 4.500 toneladas de residuo textil por mes. Con esta meta lograron reingresar al mercado más de 210.000 prendas de vestir en el último año y donaron más de 36.000 prendas a distintas fundaciones.

El sistema permite dejar prendas en consignación, llevarse en efectivo un porcentaje del precio definido o sumar crédito para comprar en la tienda por un valor mayor.

Segunda vida para la prenda

“Siempre la gente cuando le aprieta el cinturón recurre a lo que puede y una de las opciones es vender lo que tenés. Pero es una cuestión de educación, no sólo de crisis. Pasa por entender que existen lugares donde fácilmente podes vender las prendas. Está bueno ir vendiendo lo que no necesitás y que te desordena la casa”, explica Paulette Selby, dueña de Juan Pérez Vintage, un clásico en el rubro que funciona desde hace 20 años. Menciona además el efecto Marie Kondo como uno de los disparadores del público creciente. “A muchos clientes les daba no sé qué pero ahora se dan cuenta de que pueden venir y vender. A veces es más inteligente regalar la plata que regalar la ropa. Porque quizás termina el gato durmiendo arriba de un sweater Chanel y con eso come una familia. El valor agregado de las marcas que existe en la indumentaria es como con los cuadros”, agrega.

La comisión que se cobra por vender las prendas depende de su valor: cuanto más cara, se cobra menos, en un rango que va de 30 a un 60%. Se realiza una cuidada selección de la ropa: “el criterio es que haya cosas lindas y que valga la pena revolver”. De todas formas, se toma en promedio el 90% de los items.

Quienes se acerquen al local ubicado en Marcelo T. de Alvear, podrán encontrar prendas desde 50 pesos. Por ejemplo, un jean Levi’s, que nuevo tiene un valor de unos $3.000 se consigue desde $200, o se ven remeras de Zara a $100 cuando nuevas tienen un precio superior a los $700. También hay ropa de grandes marcas internacionales con valores en dólares. Se consiguen carteras Louis Vuitton a 800 dólares (nuevas rondan los u$s5000). “El que viene, siempre vuelve. A veces conseguís cosas mejores que las nuevas. Es una cuestión un poco de ideología. A mucha gente le interesa el reciclado y también que no haya nadie con el mismo modelo cuando va a una fiesta”, apunta Selby.

Sin moverse de casa

El formato online de las antiguas ferias de ropa también está en franco crecimiento. Renová tu vestidor es una de las aplicaciones que más crecieron. Nació en 2014, hoy ya funciona en Chile y Colombia y próximamente se expandirá también a México. Con el 80% de su volumen en Argentina, cuenta con 700.000 usuarias. El mes pasado tuvo un crecimiento del 55% respecto al mes anterior y proyectan cecer 200% este año.

“La situación del país hace que uno tenga que ser más creativo para generar ingresos. Un jean tirado puede servir para ganar plata adicional. Por otro lado, hace que uno se quiera seguir vistiendo como antes pero de manera más inteligente, no comprar un vestido que usas una vez por mes”, señala Cecilia Membrado, Founder & CEO de la plataforma.

La emprendedora tiene todo un recorrido en marcas de ropa: trabajó en Nike, Rapsodia, Vitamina, Falabella. El proyecto surgió casi de casualidad. “Siempre fui de tener mucha ropa y cuando me casé la ropa de mi marido no entraba. Entonces empecé a regalar ropa que prácticamente no había usado, algunas con etiqueta. Me dio mucha lástima y decidí organizar una feria mandando mails. Fue un éxito”, explica. Ese fue el puntapié para descubrir un negocio detrás y también para reflexionar cómo se relaciona la mujer con la moda. Por haber trabajado en MercadoLibre, el formato online se dio con naturalidad y todo derivó en el marketplace actual, que lo define como una red social de moda, en el que rankeas mejor a medida que ganás seguidores.

“No es sólo para comprar de manera barato sino también está asociado al fast fashion: hoy las redes social hacen que uno quiera cambiar más rápido de look. Por otro lado, Marie Kondo también ayudó a que la gente suelte lo que no usa realmente. Hay estudios que indican que as mujeres usamos sólo el 20% de la ropa del vestidor”, agregó.

Las prendas se envían por Correo Argentino. Están integrados todos los medios de pago y, a diferencia de otras plataformas, aceptamos cambios. En su galería hay, por ejemplo, jeans de marcas como Rapsodia o Jazmín Chebar a $400 o $500. De la ropa a la venta, se rechaza más o menos el 30% de lo que se sube, ya que buscan que las fotos sean atractivas y la ropa sea de buena calidad y esté a la moda. “No es una feria vintage”, aclaran. La comisión es del 25%, una vez que se concreta la operación.

“Es una tendencia a nivel mundial. Hay empresas que hacen lo mismo que nosotros en EEUU y son gigantes”, destaca.

El dato

Si bien el flujo de gente en los locales es imprevisible, para evitar esperas es importante saber que durante los fines de semana suele haber filas más largas. Los horarios de salida de la oficina también suelen ser más concurridos.

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