Mientras que el negocio cinematográfico parece entrar en un declive en el que solo interesan las películas gigantescas, todavía tiene un enorme potencial: el de instalar un evento que, luego, puede venderse de otra manera. Así las cosas, Netflix vuelve este año a intentar la conquista de la temporada de premios, con la mira puesta en los Oscar del próximo marzo, con un plan de estrenos de alto perfil "artístico" y autores importantes en la misma modalidad que Roma en 2018. Es decir: instalar las películas durante un tiempo limitado en salas cinematográficas para, poco después, subirlas a su plataforma para todos los territorios en los que está presente la marca.

Las películas son importantes por sus nombres y sus temas. La más fuerte es The Irishman, basada en la vida del célebre (y misteriosamente desaparecido) dirigente gremial estadounidense Jimmy Hoffa, con Al Pacino, Robert De Niro y Joe Pesci. Es además una película cara y larga, de lo más esperado del año. Se verá en cines hacia fines de año y saldrá en Netflix un mes después. The Laundromat es un drama dirigido por Steven Soderbergh y protagonizado por Meryl Streep que también tiene un tema político y periodístico detrás: la investigación alrededor de los Panamá Papers. Hay también una comedia dramática realizada por Noah Baumbach (Asuntos de familia) y protagonizada por Scarlett Johansson y Adam Driver llamada Marriage Story. Y un film histórico y épico protagonizado por Thimotée Chalamet, The King, dirigido por David Michôd. Todas estas películas tienen una generosa producción detrás, pensadas -y esto es algo bastante importante- tanto para la pantalla grande como para la visión en el hogar.

¿En qué le "suma" a Netflix esta distribución? En principio, estas obras no podrían calificar para premios como el Oscar si no tienen una exhibición en salas. Un lanzamiento en cines tiene una cobertura todavía más importante de la que implica un telefilme, lo que es otro motivo para llevar adelante esta estrategia. Sin embargo, no es tan sencillo. En los Estados Unidos, dos de las cadenas más importantes de exhibición, Regal y -sobre todo- AMC, rechazaron ya esta forma de distribución. Piensan que las audiencias, avisadas de que obtendrán todo en su televisor en poco tiempo sean reacias a ocupar butacas en los cines. Ese es el punto irresuelto en este tipo de comercialización de películas que Netflix parece querer imponer en los últimos años.

Hay algo más: Netflix ya forma parte de la MPAA, es decir el sindicato de productores de películas que vela por los intereses de Hollywood en todo el mundo (silla que dejó vacía Fox cuando fue adquirida por Disney). Es interesante, porque el resto de los miembros serán, de ahora en más, competidores en el campo digital ( Disney- Fox con Disney + y Hulu; Warner y AT&T con HBO Plus, Paramount con VIacomCBS, etcétera), lo que seguramente obligue también a replantear las reglas de la exhibición y distribución en salas. Vienen tiempos turbulentos y profundos cambios.

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