Este texto no está dedicado ni a los niños ni al “niño que todos llevamos dentro”, sino a usted, adulta o adulto, que lee este diario. Frozen, esa película que infantes ven una y otra vez, es buenísima.

Es la historia de dos hermanas separadas por la maldición -o el don, según se lo mire- de una de ellas. Contada al ritmo de una novela de aventuras con momentos de (gran) comedia musical, la película bucea en ese vínculo familiar entre las dos chicas y al mismo tiempo pone en tela de juicio la necesidad de tener “relaciones de pareja” y las comillas son intencionales.

Hay momentos de una gran belleza visual, pero lo que más impacta es lo moderno y vertiginoso que es todo sin que se pierda emoción. Los momentos humorísticos -y los diálogos muy precisos- la transforman en una fábula para cualquier público sin ese “chantaje de chistes adultos” tan frecuente hoy. Entró a Netflix, así que ya sabe dónde buscarla.