Pasaron los Globos de Oro y todo el mundo recordará esta edición número 75 como aquella en la que las mujeres se hicieron oír con fuerza. Todas vestidas de negro (con un par de excepciones, digamos todo) en solidaridad con las víctimas de abuso sexual de la industria, con el encendido discurso de Oprah Winfrey y con un repetido pedido de igualdad y solidaridad, más allá de catar hipocresías varias (la propia Oprah tiene fotografías departiendo amistosa con el monstruo Harvey Weinstein), el mensaje llegó. Importó, de hecho, mucho más que el cine o la televisión.

Aunque en ese segundo rubro, el triunfo de Big Little Lies (cuya problemática es el abuso de las mujeres por parte de los hombres) o de The Handmaids Tale (que muestra la opresión hacia las mujeres en un mundo distópico) van en el mismo sentido. No es poco sintomático que esos premios se den en la pantalla chica: hoy tiene mucho más peso de difusión de ideas que el cine.

En ese rubro, hubo un acto de justicia con el triunfo de Lady Bird, ópera prima como directora de la actriz Greta Gerwig, ninguneada en la categoría de realización. Pero si se analizan los premios en detalle, no hubo un gran ganador, más allá de que ese filme y Tres anuncios por un crimen fueron los que se llevaron los mayores galardones. Lo importante, junto con el premio a Guillermo del Toro por La forma del agua, es que el mensaje fue más importante. Pero hubo algo más: el mejor discurso fue el de Frances McDormand, ganadora como actriz dramática por Tres anuncios... En su speech, agradeció a Fox Searchlights por permitir que el filme encontrara su público. En época de tanques y distribución mundial alterada por ellos, esa es la verdadera búsqueda de diversidad. Lo demás está bien, pero no es lo único.