La inmensa grilla de cable, muchas veces ignorada -con razón en la mayoría de los casos- por el espectador puede darnos sorpresas increíbles. Por ejemplo, que PlayboyTV tenga en su programación un programa extraordinario llamado Groundbreakers. Se trata de largometrajes presentados por un señor que, entre bloque y bloque, comenta la película que estamos viendo o nos comunica alguna trivia notable. Resulta que las películas son clásicos del porno y el erotismo que están -o deberían estar- en cualquier filmoteca que se precie, y que el presentador es -de pie- el papá del cine independiente guarro, el orgulloso cinéfilo trash, el realizador más prohibido en la Argentina, el visitante ilustre de Buenos Aires, el amigo gay de Marge Simpson y Rey del Vómito John Waters. Y las películas son cosas como Garganta Profunda, The opening of Misty Beethoven, Carne -sísísí, la de la Coca Sarli, Waters es uno de sus mayores admiradores globales-, El gato Fritz -la adaptación animada que Ralph Bakshi hizo de la célebre historieta de Robert Crumb-, y cosas que desconocemos.

El otro día, por ejemplo, Waters presentó The Passions of Carol, dirigida por Shaun Costello, que firmó la película con el nombre de Amanda Barton vayaunoasaberporqué. De todos modos, es interesante porque el punto de vista del filme es completamente femenino. La película es una adaptación del clásico Cuento de Navidad de Charles Dickens. Hay alguien espantoso, la noche de Navidad está en soledad, es visitado por fantasmas del pasado, del presente y del futuro, y finalmente cambia y se vuelve buena persona. Hay cientos de versiones (aquí recomendamos, de paso, Los fantasmas contraatacan -Scrooged-, de Richard Donner, interpretada por un sacadísimo y perfecto Bill Murray en 1985), pero esta debe de ser la más extraña e increíble de todas. Es, además, la primera película porno navideña, algo que dada la raíz religiosa de la fiesta puede parecer contradictorio. Pero en los EE.UU. esa componente sagrada está casi disuelta, es una celebración laica más. En fin, vamos al grano.

La persona sola es Carol Scrooge, editora de una revista erótica para mujeres. Como actriz, Mary Stuart a.k.a. Merrie Hollyday, deja muchísimo que desear, al menos cuando tiene que hablar e interpretar. Como performer porno es bastante sensual, aunque no es una chica demasiado agraciada. Verán: en 1975, fecha de realización, lo que importaba era menos el cuerpo perfecto o creado ad hoc que lo que el performer podía hacer en pantalla. Bueno, por ese lado la cosa funciona.

Waters explica que la película costó u$s18.000, una bicoca incluso entonces. Se nota en el decorado del dormitorio de Scrooge, cuyo balcón da a una silueta de Nueva York y una luna hechas en papel afiche, sin contar al pobre Cristo que tira telgopor en polvo durante esas secuencias para simular la nieve. En fin: después de maltratar a un empleado que saca fotos de desnudos masculinos sin pedirle a los modelos que muestren una erección, la señora exige al señor que labure de más en plena Navidad, y deje sola a su mujer con muletas (o puede que tengan un chico con muletas como en el cuento: cuando se ve a la pareja se ven las muletas pero no el chico, qué decirles). Mientras, se dedica al sexo sin sentimientos con un señor y su secretaria. La música en esa secuencia del trio es, enterita y larguísima, Campanas Tubulares, de Mike Oldfield, la de El Exorcista. En esos tiempos nadie se preocupaba mucho por detalles como el copyright o el pedido amable de autorización. Dále que va, total es una porno.

Los fantasmas son tipos con disfraces de lo más barato (el de las Navidades pasadas, encremado en gris, es quizás el más elaborado). La película alcanza su pico en las Navidades presentes y en las futuras. En la primera, el empleado y su mujer hacen tiernamente el amor (perdón el eufemismo) al son de canciones navideñas, en un alarde de anticlímax notable. En la otra, una envejecida Scrooge es una prostituta barata y la "real" le dice al fantasma (un tipo encapuchado) "No, no, cambié, amo la vida y la Navidad". Pues bien, termina así: ella en el balcón gritando que todos los días serán Navidad. Por cierto, con menos poder de convicción que político en campaña. Detalles.

Waters comenta todo con mucho humor y la película, por momentos de un tedio monumental, adquiere otro valor (uno de los actores murió en la cárcel, preso por un horrible asesinato). Si quieren ver lo que se hizo con el cine, pueden probar con Dziga Vertov, con John Ford, con Jonas Mekas. Y con esta navidad nevadísima de sustancias varias.

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