De Alfred Hitchcock ya nos hemos ocupado, por cierto, hace poco más de un año. Pero es un territorio tan enorme que vale la pena -como a otros realizadores- darles una vuelta y regresar a ellos. Además, como vienen las fi estas y uno quiere alegrarse, es bueno recomendar el costado más cómico de un tipo que pensaba que el mundo era una tremenda broma de Dios (porque sí, era creyente) y que nosotros no hacíamos más que embarrarla todo el tiermpo.

Solo en una ocasión Hitchcock realizó una comedia, un ejemplo de género, pero de esa hablamos más adelante. En general siempre hizo thrillers, es decir melodramas que contienen un crimen y que no basan su efecto en la “resolución del caso” (eso es lo que se suele llamar “whodunit”, y es bastante aburrido y poco cinematográfi co) sino en las emociones y miedos que provocan el saber demasiado. El hombre que sabía demasiado, por cierto, es un título de otro creyente (Chesterton) que Hitch usó en un film y su remake, una de 1936 y otra de 1956, aunque la más famosa, por la presencia de James Stewart y Doris Day más la canción “Qué será, será”, es la segunda. Miren ustedes: en El Hombre... hay mucho humor a pesar de que se trata de una pareja a la que le han secuestrado a su hijo pequeño. Eso define casi todo.

Pero hablemos del Hitchcock decididamente cómico, del disparatado, del que hace bromas constantes desde la pantalla. Psicosis, por ejemplo, es una gran broma, porque siempre tenemos miedo por el que está del lado incorrecto de la moral (una chica roba, tememos por la chica, una mujer mata y su hijo trata de encubrir el crimen, tememos por el hijo y así). Otra broma monumental es La ventana idiscreta, claro, donde el “héroe” (las comillas son intencionales) es un voyeur perverso que se mete en la vida de los demás con sufi ciencia hasta que un “espiado” lo viene a poner en su lugar (que el espiado sea asesino es aparte, por cierto). Siempre el director nos retuerce un poco y usa el humor para encubrir la fábula moral.

En algunas de sus películas, directamente apuesta por el absurdo. Son, sobre todo, los fi lmes de persecución, donde un falso culpable tiene que tratar de entender -primero- por qué lo persigue todo el Universo y, después, cómo solucionar el entuerto. Ahí Hitchcock retuerce el absurdo hasta límites surrealistas (una de estas películas es Cuéntame tu vida, donde la secuencia onírica de Gregory Peck la diseñó, justamente, Salvador Dalí) y nos pone en la disyuntiva de creer o no en lo que está contando. Y en esa duda surge el humor.

Por cierto, el realizador no elude varias cosas. Una de ellas, que la vida de las personas corre riesgo real y eso es trágico. Además, si no fuera así, no habría emoción alguna. Otra, que el mundo es indiferente a las tragedias particulares. Así, colocándonos en la mirada del protagonista, siempre sufriente, nos permite empatizar con él, saber que eso nos puede pasar a nosotros. El humor, en ese caso, permite la distancia para ver el drama y su entorno, sonreír sabiendo que hay un problema y, de un modo raro pero efectivo, saber que hay una reserva de coraje para enfrentarlo.

Aquí, cinco ejemplos del humor hitchcockiano.

1) Los 39 escalones. Robert Donat va a un espectáculo. De allí lo sigue una atractiva mujer que entra en su casa. Esa mujer es asesinada y a él lo empiezan a perseguir espías y policías. En cierto momento, queda esposado con una chica y se pelean como cualquier matrimonio hasta que, claro, se enamoran, sin dejar de huír y tratar de averiguar qué es lo que pasa en ese mundo loco. Todo, al final, se resume en otro show, donde la clave del asunto sale a la luz. Las corridas y los efectos de suspenso son pura comicidad.

2) El tercer tiro. Gran comedia que marcó el debut en la pantalla de Shirley McLaine. Un se- ñor encuentra un cadáver y cree que, accidentalmente, lo mató él. Una señora se tropieza con el mismo cadáver y cree lo mismo. Un pintor que pasa por allí trata de solucionar el problema y con Harry muerto de un balazo en el piso, después de haber sido realmente descubierto por un niño, empiezan a discutir qué hacer. El cuerpo va y viene por mil partes, en el medio el pintor se enamora de la mamá del nene y es el nene, que confunde “hoy”, “ayer” y “mañana”, al que le terminan volviendo a plantar el cadáver para que lo descubra. Además es un fi lm sobre el tiempo, lleno de chistes y bello... aunque hay un muerto tirado en el pasto.

3) Señor y señora Smith. Nada que ver con el fi lme homónimo de Brad y Angelina. Aquí hay un matrimonio de años (Robert Montgomery y Carol Lombard, de los mejores comediantes de la historia) que descubren que en realidad no están casados. Así que la película tiene el suspenso de si van o no a volver el uno con el otro y cómo podría resolverse una separación que casi les trae una libertad in- édita. La verdadera “comedia de rematrimonio” en estado puro.

4) Frenesí. Es una película terrible con el peor asesinato sexual de la historia del cine. Pero es también una comedia negrísima donde Hitchcock se reía de las tendencias crueles del cine de los setenta. Al pobre héroe le pasa que donde va, aparece un cadá- ver, así que todos piensan que es él el asesino. El momento en que el verdadero criminal tiene que partirle un dedo a una muerta es del humor negro más cruel.

5) Trama macabra. La última película de Hitchcock y de las más luminosas. Barbara Harris y Bruce Dern son dos estafadores, ella fi nge ser medium. Le encargan encontrar al hijo perdido de cierta familia, peroe ese hijo es un criminal y secuestrador. Todo termina en disparate y en intervención casi sobrenatural con diamantes incluidos.