Dicen en Fox que hoy es el "día 1". Lo es. Es el primer día bajo la égida de Disney: hoy culminó la adquisición de la firma del Siglo 20 en el logo por parte de la casa del ratón Mickey. No se puede decir que sea una buena o una mala noticia; ciertamente en cierto sentido es menos bueno que malo. La adquisición por más de u$ 73.000 millones de dólares implica entre otras cosas que Disney controlará no solamente las marcas que ya posee sino otras de enorme rentabilidad como Los Simpson o Avatar, sin contar con todos los nombres del Universo Marvel (faltaban X-Men, Deadpool y 4 Fantásticos) y una enorme cantidad de etcéteras ("etcéteras" que incluyen NatGeo, Fox Searchlight, FX y nada menos que el 40% de la taquilla cinematográfica mundial). También implica que se reducirá internacionalmente la cantidad de empleados dado que muchas tareas van a superponerse. Es difícil una fusión con dos firmas que, incluso si se dedican a los mismos negocios, tienen diferentes culturas laborales. Literalmente, es como integrar dos países, e igual de complejo y costoso.

Lo más importante del asunto es que disminuye -y no solo en los Estados Unidos, la cantidad de actores en el escenario del entretenimiento audiovisual mundial en un momento donde el ecosistema ha de cambiar de modo definitivo. Quedan muy pocos jugadores en la cancha: Disney, Warner, Viacom y Netflix como productores grandes de contenidos masivos. El último manda en el On Demand, pero los demás lanzarán SVOD en breve (especialmente Disney que está desarrollando contenidos en todos los países donde estará presente Disney+ con una agresividad notable). Como fuere, cada uno tendrá una parte (gigantesca) del acervo audiovisual y desde allí habrá de competir. El problema es cómo los productores más chicos habrán de acoplarse a este sistema que tiene tan pocos "jefes" y mucho dinero en muy pocos y demasiado inflados bolsillos.

El gran campo de batalla será a partir de ahora la vía del on demand, al que apuntan todos los estudios

Variety explica en una nota de análisis que, incluso si los dueños de los canales de distribución son los propios productores -en un esquema del negocio que vuelve a la situación monopólica de la era de los grandes estudios, aunque con muchísimo más poder político y económico- el problema consiste en que esas mismas casas van a necesitar mucho más contenido del que son capaces de hacer, aún cuando puedan pagar por ellos. Es decir, por ese lado los productores independientes van a tener una enorme oportunidad. Pero esto implica, al mismo tiempo, otro problema: que los contenidos se estandaricen demasiado. La nueva era del audiovisual empieza hoy y tendrá reglas durísimas.

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