Para algunos, persevera en los temas al estilo de Betty Carter; para otros, la agilidad de su registro alto la emparenta con Sarah Vaughan. Pero Jazzmeia Horn, la nueva revelación del jazz vocal norteamericano, está convencida de que se halla en camino de desarrollar su propio estilo.

A sus 26 años pergaminos no le faltan. En 2013 ganó la Sarah Vaughan International Competition y dos años después se llevó un premio mayor: el galardón del Thelonious Monk International Vocal Jazz Competition. El triunfo en esta compulsa le habilitó la chance de grabar su primer disco, que tuvo una favorable recepción en la crítica y en el público del jazz y alrededores. Editado por el sello Concord, A Social Call, tal es su título, remite a un poderoso entrevero de elementos de jazz, el gospel y el soul, con una banda de primera línea y registros vocales que anticipan una carrera promisoria para esta joven nacida en Dallas y formada artísticamente en Nueva York.

La irrupción de Jazzmeia certifica que la aparición de cantantes que retoman el fuego sagrado de las grandes estrellas no se ha agotado. Unos años atrás fueron Cécile McLorin Salvant y Gregory Porter. Ahora es el turno de Jazzmeia, que en pocas semanas animará varios shows en el prestigioso Jazz Standard de Manhattan.

A Social Call, su disco debut, muestra también un firme compromiso social. Jazzmeia descarga aquí su preocupación por la discriminación racial, la desatención a los marginados, la contaminación ambiental y las miserias de la industria alimenticia, algo que de algún modo evoca a las firmes convicciones de Nina Simone.

Hay un homenaje a Betty Carter que se puede apreciar en el tema Tight, mientras que una suerte de medley entre Lift every voice and sing y Moaning, de Bobby Timmons, desarma cualquier prevención y vapulea a quien escucha con un talento y expresividad poco frecuente.

La banda que la acompaña es de primer nivel. Josh Evans es un trompetista que navega con firmeza en la vanguardia neoyorquina. No en vano Charles Tolliver lo reclutó para las giras y shows de su tenteto. Frank Lacy en el trombón y Stacy Dillard en saxo completan la front line, mientras que el ascendente pianista Victor Gould acaba de editar un interesante disco en el sello Criss Cross-, el bajista Ben Williams y el baterista Jerome Jennings sostienen una afiatada base rítmica.

"Jazzmeia tiene una de las mejores voces que escuché en los últimos 40 años", ha dicho de ella el gran Jon Hendricks, mientras que Al Jarreau destacó su vocación para escuchar y su sorprendente sabiduría. Surgida de una familia apegada al gospel, Jazzmeia ya trajinó escenarios europeos, africanos y hasta sudamericanos (Colombia). Pero su origen está omnipresente. "Cantar en la iglesia no es algo vinculado al entretenimiento; es algo espiritual desde el comienzo", sostiene Jazzmeia, cuyo abuelo fue pastor y su madre integrante del coro de una iglesia baptista.

Su música puede entretener, pero seguramente conmueva más porque su contundente fundamento espiritual quedará resonando como un llamado social a la acción.