La escritora Katya Adaui, nacida en Lima y radicada en Buenios Aires, acaba de publicar su nuevo libro. Los cuentos incluidos en Geografía de la oscuridad están protagonizados por hijos que se zambullen en las profundidades de los vínculos esenciales.

Las casas, el mar, el campo son encierro y escape, el espacio en donde las generaciones se alimentan, sueñan y procrean. Adaui ensaya su teoría sobre la paternidad: un mapa opaco en el que los seres humanos rastrean con fuerza e inteligencia cómo sobrevivir a la crianza. Pudorosos ante lo íntimo, apaciguados con los parecidos, enervados por lo familiar, esquivan los golpes, afrontan los abandonos y buscan cualquier prueba de ternura y felicidad para redimirlos.

Porque en Geografía de la oscuridad son los hijos y las hijas quienes conocen la verdad de ese disfraz al que llamamos padre. Al respecto, la autora dialogó con BAE Negocios.

-¿Por qué elegiste el cuento para hablar de las maternidades y de las paternidades?

-Porque permite condensar muchas vidas, muchos puntos de vista, jugar y problematizar con las alternancias. A cada familia, sus propios conflictos.

-Es el mar el que de alguna manera los une a todos, ¿qué significa el mar para vos?

-Es la incertidumbre infinita o la infinita incertidumbre, la vastedad de la fiesta y la posibilidad del ahogo. El mar es mi ciudad, mi paisaje y el olor a humedad perpetuo. Es el lugar de las primeras veces: la pérdida de piso, el rescate del salvavidas, la natación sin rumbo fijo, el devaneo.

-¿Son historias tomadas de la realidad?

-Son cuentos realistas, pero no todos nacieron de la realidad real. Algunos tienen una primera imagen que sí atestigüé y anoté para usarla luego. No confío del todo en mi memoria, aunque sea muy buena, porque todo recuerdo es una tergiversación, así que me rindo con alegría a la asociación y a la imaginación que me liberan del peso de mi buena memoria.

-¿Hay alguna autobiográfica?

-Sí y no.

-El abandono está muy presente, ¿por qué?

-De qué estamos hechos sino de abandonos, de pérdidas y de aferramientos. Ese es el material de la escritura.

Escribir es incomodidad. Me gusta la dilución de las fronteras, algo así como acronicar los cuentos, poemizar en la novela, escribir a partir de varios registros que se entrecruzan

-¿Cuál es la oscuridad de la que habla el título?

-La sombra que remorea en todos nosotros, una sombra surgida de la luz.

-¿Qué te gustaría que el lector encuentre en este libro?

-María Negroni escribió en El corazón del daño que todo libro es un cementerio hermoso. Porque son los lectores quienes lo hacen resucitar.

-¿Qué es más complejo, escribir para niños o para adultos?

-Para niños y adultos es muy difícil, porque nunca jamás puedes subestimarlos. Siempre pienso que escribo para personas que no conozco, confiando en su sensibilidad y en su inteligencia.

-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

-Siendo muy chica, a los 9 años. Se lo dije a mi mamá de forma rotunda. Intenté escapar durante algún tiempo. Cuando era catequista, el cura dijo que a la carne no se le enfrenta, se le huye. Para mí, escribir es la carne y deseo morderla.

-¿Cómo fue tu llegada a Buenos Aires y por qué te quedaste?

-Comencé a venir a partir de 2002 a visitar a mis mejores amigas, que son mitad peruanas y mitad argentinas. Luego vine a estudiar y regresé a Perú. La mudanza ocurrió hace dos años. Fue una decisión de amor.

-¿En que género te sentís más cómoda?

-No pienso mucho en términos de género. Escribir es incomodidad. Me gusta la dilución de las fronteras, algo así como acronicar los cuentos, poemizar en la novela, escribir a partir de varios registros que se entrecruzan y que, con suerte, dan algún tipo de espesor al entramado.

-¿Qué rol te parece que ocupa la literatura en este época de convivir con una pandemia?

-No creo que la literatura cumpla o deba cumplir un rol en pandemia ni en otras ocasiones. En épocas de crisis acudimos a los libros, al deporte, a la música, a sumergirnos en algún proyecto que nos saque de nosotros mismos, de la angustia, de la ansiedad, que nos alivie alejando por un rato los monstruos de nuestra cabeza. El libro, como formato, ha variado poco desde su invención, como la silla o la bicicleta, y nos acompaña para soportar el duelo y también la felicidad.

-¿Cómo elegís los temas sobre los que escribís?

-Me doy cuenta de que debo escribir sobre algo porque me voy obsesionando. Y cuanto más lo postergo es peor. Es algo entre "me lo quiero quitar de encima" y "no me lo puedo quitar de encima". Entonces me siento y lo hago.

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