En 2016, el sitio Rottentomatoes.com, que compila las críticas de los principales medios cinematográficos así como comentarios de usuarios, mostró un enorme divorcio entre opinadores profesionales y público alrededor de una de las películas evento de esa temporada: Batman vs. Superman. Mientras que el filme era destrozado con un 27% de reviews positivas por parte de la crítica, tenía un 63% por parte del público. Fue, además, un éxito de taquilla, aunque recaudó por debajo de lo que se esperaba y los estudios culparon -en parte- a la crítica. Este año, la grieta ha vuelto a abrirse gracias a, nada menos, Episodio VIII: los últimos Jedi, aunque en proporción inversa. Mientras que la crítica saluda la película de Rian Johnson con un 91% de reviews positivas, el público apenas le otorga un 52%.

Lo primero que hay que subrayar es que, en estos niveles y con esta clase de películas que pertenecen a series perfectamente instaladas y con un enorme piso de público global, la crítica (profesional) es irrelevante. Sería ocioso mostrar cuántos filmes fueron destrozados y aún así se volvieron éxitos de taquilla, o la inversa. El Episodio VIII cerrará su carrera en salas de todo el mundo por encima de los u$s1.200 millones, si se tiene en cuenta que, en catorce días, lleva recaudados a nivel global unos u$s800 millones.

A pesar de las críticas de los fans, La Guerra de las Galaxias ya ha recaudado u$s800 millones

Pero lo interesante del "divorcio" no es tanto su existencia sino su visibilidad y a quiénes afecta. Uno de los problemas derivados de un cine que se realiza sólo alrededor de franquicias establecidas consiste en que los consumidores de esas franquicias son fans y, como todo fanático, suelen ser conservadores. Cualquier cambio, cualquier riesgo, cualquier aventura creativa dentro de la marca genera resistencias. Por otro lado, la existencia de feedback entre el productor, el crítico y el consumidor vuelve las cosas más complejas.

En el caso de Star Wars, por otra parte, aparece cierta reticencia por parte de la crítica, después de la alabanza -justificada- al Episodio VII de decir que el nuevo filme es poco satisfactorio. Más aún cuando proviene de una productora -Disney- que hoy domina casi todo el mercado. No se trata necesariamente de "corrupción" sino de una exagerada prudencia que llega al elogio no del todo justificado.

Es decir: el clima en el cual se ejerce la opinión está muy enrarecido y, hoy, los grandes estudios prefieren la difusión a través de redes sociales por parte de los fans. Pero es un arma de doble filo, como se ve con esta última entrega de la saga Star Wars, que igual recauda como si no hubiera un mañana.