Lo hemos repetido tantas veces que, en cierto sentido, el lector de estas columnas "coquines" (para decirlo en francés, que queda un cacho mejor) lo tendrá ya por lugar común. Pero vamos de nuevo: el porno es la única industria donde el salario de una mujer supera siempre al del hombre, incluso multiplicándolo por diez. La razón es simple: durante las tres primeras décadas de esta industria (digamos desde 1970 en adelante, que es cuando se legaliza en casi todo el mundo), el mayor consumidor declarado de porno era el varón heterosexual entre la post adolescencia y los 45 años. Sigue siendo, aunque hoy el porcentaje de mujeres que ve pornografía crece. Quizás, de paso, siempre haya sido tan alto como el de los hombres, sólo que dadas las condiciones sociales lo ocultaban y los hombres se permitían decirlo... con ciertos límites. De todos modos, y para la curiosidad de los lectores, el target primario del porno es el mismo que el de las películas de gran presupuesto, también desde 1970 en adelante. Da para otra nota, pero no para esta sección erotófila. La dejamos prometida.

Aunque las mujeres cobran mucho más que los hombres en la industria porno, la presión y la exigencia es mucho mayor

La razón, entonces, es que el gran atractivo por el que se vendía el cine porno era, siempre, la actitud y el cuerpo de las mujeres. Es lo que podía hacer o dejarse hacer una señorita en el filme más que la performance del señor, que como hemos dicho en alguna oportunidad, quedaba -queda, salvo excepciones- reducido a una especie de máquina genital. Salvo en la más o menos reciente ola de porno realizado para mujeres, donde la participación del hombre es más igualitaria, sigue más o menos siendo lo mismo en la gran industria: un tipo de buen cuerpo y pene bien visible cuyo cuerpo entero se esfuma ante la performance del coito. Se arma la identificación con el espectador, y a otra cosa. Por norma, la mirada va al cuerpo y al rostro de la mujer. Curiosamente, también pasa cuando las mujeres miran porno, de allí que lo que más busquen sea, incluso si son completamente heterosexuales, porno lésbico.

Pero volvamos al tema económico y al porqué de la diferencia de salarios. En principio, porque es mucho más difícil encontrar actrices dispuestas a trabajar en la exhibición del sexo explícito que actores. En las selecciones de personal, hay muchos más aspirantes que aspirantas, por decirlo de un modo suave. No abundaremos en la razón sociológica del asunto; el lector podrá adivinar.

Sin embargo, no es sólo una cuestión de oferta o demanda. Es, también, una cuestión de intensidad y variedad en el trabajo. Al hombre se le exige mucho menos: que mantenga una erección, que contenga el orgasmo y poco más. Son pocas las cosas que debe hacer o mostrar en una secuencia pornográfica. Mientras que a la mujer se le piden muchas más cosas. En principio, que esté siempre dispuesta. Luego, que utilice absolutamente todo su cuerpo. En tercer lugar, en la mayoría de los casos, que aplique a secuencias con otras mujeres, una evidente asimetría porque en el porno industrial que no es de nicho cualquier película "heterosexual" contiene una escena de lesbianismo al menos y ninguna de relación entre dos o más hombres.

Las mujeres, además, no la pasan tan bien en los rodajes. En el porno todo es explícito, nada puede quedar sin ser mostrado (de allí que se haya vuelto norma la exhibición eyaculatoria desde los 90, por lo menos). Pero el orgasmo femenino puede fingirse, mientras que el masculino, en este caso, no. En muchas ocasiones, el partenaire hombre no puede contener el orgasmo y eso interrumpe una secuencia. Como el cuerpo funciona igual, la actriz quizás estuviera a punto de tener su propio orgasmo cuando la toma se interrumpe. Esto pasa también cuando se cambian posiciones de cámara. Y si "falla" el partenaire, hay que esperar y volver a filmar desde el momento de la interrupción. Es pura actuación, sin contar el desgaste físico y emocional que eso conlleva. Los hombres no tienen esos problemas. Por eso también es que muchas actrices del porno terminan, en la vida real, formando pareja con otras chicas del métier. Y por eso, también, que suelen abandonar la industria antes de cumplir los 30 años.

Es decir, la diferencia salarial entre hombres y mujeres está plenamente justificada. Pero cuidado: no todas las mujeres cobran diez veces más que los hombres por cada secuencia que filman (se paga por secuencia, cada una de alrededor de veinte minutos en pantalla y de unas tres o cuatro horas de producción, salvo que se trate de un plano secuencia; es decir, sin cortes). Esa enorme diferencia es un estimado, el promedio está en el triple del hombre. Y en casos de chicas que recién se inician (por otro lado, cada vez más jóvenes y en cantidad creciente en EE.UU., lo que merece un estudio aparte), apenas un poco más que el performer. Dicho de otro modo, aún cuando los números pueden mostrar lo contrario, las mujeres también tienen en el porno una presión enorme respecto de los hombres. Y, para ciertos casos, no hay diferencia monetaria que lo compense.

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