Un hombre enfermo terminal visita al médico. El especialista ve sus estudios y confirma que no hay nada que hacer: le quedan pocos días. Desconcertado, el paciente pregunta qué le recomienda hacer en ese tiempo. Así, los dos hombres se embarcan en una aventura urbana con rumbos inciertos. Esa es la historia de Una vez en la vida, el corto escrito y dirigido por Álex de la Iglesia para The Platinum Card de American Express, que fue presentado en Buenos Aires por el propio realizador español, creador de películas emblemáticas como El día de la Bestia o La comunidad.

Precisamente una sola vez en la vida pudo verse este trabajo, que mantiene su clásico tono de comedia negra. Al terminar la presentación, que se desarrollo ante un público integrado por actores, cineastas, socios invitados por la marca y otros testigos privilegiados, a quienes se les pidió que no registraran la película en sus celulares, el director sumergió la computadora que almacenaba el máster del corto en una pecera con agua. Una acción de marketing potente de la marca, que refuerza la idea de lo efímero y la exclusividad.

"Es un corto pequeño, en el que quise contar qué es lo que haría yo si tuviera muy poco tiempo y tuviese que elegir algo para llegar a la felicidad. La felicidad es un concepto un poco sobrevaluado. Buscamos la felicidad como algo que nos supera, que está lejos y parece que no vamos a llegar nunca. El truco es no intentarlo. Sin embargo, sí podemos ser alegres. Creo que la alegría es un concepto más humilde, más pequeño y que esconde la felicidad", reflexionó De la Iglesia, realizador de Mi gran noche y El Bar.

Tras la proyección, hubo tiempo para una conferencia con el director, que aprovechó su viaje a Argentina para almorzar con Diego Capusotto, de quien se declara gran admirador, un actor con quien le gustaría mucho trabajar pero a quien aún no logra convencer, según comentó varias veces. "Llevo años intentado hacer una película o una serie de TV con él. Lo que pasa es que como todo genio tiene sus propios planes. Yo quería que fuera el capitán de Plutón BRB Nero, pero me dijo que no porque estaba bien en su casa, no tenía ganas de ir España a hacer una serie y además estaba haciendo su propia serie. Con lo cual lo quería todavía más. Lo llamé para Mi gran noche y tampoco podía. Con lo cual le tuve todavía más cariño, más admiración y más respeto. Espero en algún momento convencerlo y poder rodar algo con él", comentó entre bromas.

Consultado acerca de qué le atrajo ante un proyecto tan sponsoreado, el director señaló que trabajó con total libertad creativa. "Eso es fascinante: la posibilidad de hacer una pieza encantadora y simpática acerca de cómo vemos la felicidad. El hecho de lo efímero lo hacía particularmente atractivo. Porque de eso trata la historia. Normalmente en la vida siempre postergamos las cosas. Todo en nuestras vidas es provisional, esperando ese gran momento en que vamos a hacer lo que realmente nos va a colocar en el mundo o va a dar sentido a todo. Y ese momento no llega nunca. Cuando lo ves desde afuera, te das cuenta de que lo que se queda grabado de tus experiencias son pequeñas cosas", apuntó.

Esa pequeña pieza de visionado único conservó algunas de las claves propias del autor, que fueron repasadas por Axel Kuschevatsky, su presentador: la desconfianza de las instituciones, el cuestionamiento al statu quo, la idea de que las personas sobreviven en la medida en que atacan con ingenio sus problemas y ese tono optimista y, al mismo tiempo, destructivo. "Hay una estructura que se repite en mi cabeza y es invertir los polos. Cuando algo es muy importante o trascendente hay que tratarlo como si fuera lo más cotidiano del mundo. Cuando alguien parece que te está ayudando igual te está destruyendo. Esa contradicción es lo que creo que hace atractiva o divertida una historia", indicó Álex de la Iglesia.

El director contó anécdotas de su juventud, bromeo sobre sus despidos intempestivos en el set y hasta recordó su encuentro con Steven Spielberg, uno de esos que ocurren una vez en la vida.

Confrontado con el dilema de elegir qué haría si a él le quedara poco tiempo de vida, el director señaló: "Probablemente me equivocaría todo el rato. Intentaría ir a un sitio increíble y probablemente estaría cerrado. Al final terminaríamos, como siempre hacíamos en Bilbao, en el bar de la estación de tren, que siempre estaba abierto. Creo que esa es la clave de dirigir y de disfrutar. Saber reaccionar ante la adversidad. Cuando las cosas no salen bien, tener un segundo plan".

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