"En general me interesan los personajes que parecen tener una vida normal y tranquila, pero de golpe se ven ante la disyuntiva de cometer algún acto ilícito. No de una gravedad tan importante, pero sí al margen de la ley. En todos mis libros hay algo de eso. En El Ahogado, los protagonistas intrusan una casa, acá en Quemacoches incendian autos", dice a Babogado, librero y escritor Bernardo Beccar Varela.

-¿Cuándo decis lo de la disyuntiva de los personajes de cometer un ilícito, todos podríamos estar cerca de cometerlos aun sin quererlo?

-No sé si todos, pero para la persona que atraviesa una situación límite, entiendo que los marcos de lo legal pueden no ser tan claros.

-¿El diseño del libro es particular, vos participaste?

-No, no participé del diseño, pero me encanta. Solo en el color de la tapa, les dí mi opinión como librero. El rojo siempre atrae. Pero el interior, con las hojas como quemadas fue todo idea de la editorial.

-¿Cómo te metiste en el mundo de los quemacoches?

-Creo que empecé a escribir los primero bocetos hace muchos años, inclusive antes de que aparecieran en las noticias. Siempre me gustó mucho el fuego. Me puedo quedar un rato largo mirando una fogata. No deja de ser uno de los cuatro elementos de la naturaleza.

-¿Seguís las noticias de los quemacoches?

-No es que sigo esas noticias con especial atención, pero por lo general como tienen algo de misterio, salen en todos lados y las veo. Además, mis amigos se encargan de mandármelas, un poco en joda, un poco en serio.

-¿Qué te pasa cuando las lees en relación al libro?

-Y la sensación es la confirmación de que la realidad supera a la ficción. Pero trato de ser cuidadoso con eso. Porque la realidad puede ser muy inverosímil. Y la ficción necesita un pacto entre lector y escritor en el que el verosímil no se traicione. Los personajes no traicionen. No me refiero a la trama en sí en la que puede haber fantasía, sino al pacto.

-¿Cómo defines a Diego?

-Diego, el protagonista, es un chico joven que está indagando en su futuro, y tratando de encontrarle un sentido a la vida. Como pasa a esa edad de transición entre la adolescencia y la vida adulta.

-Hay varios temas que aborda la novela ¿los elegiste por algo en especial?

-A mí me pasa que los textos que escribo, por lo general, nacen de la necesidad de "decir algo". No necesariamente lo tengo claro cuando voy escribiendo, pero siempre está relacionado con esa necesidad de decir. Con el tiempo aparece con más claridad el motivo o el tema.

-¿Cuándo supiste que querías ser escritor?

-Siempre lo digo y no es falsa modestia, pero la palabra "escritor" me suena muy grande. No es que no tome la literatura con seriedad. De hecho le dedico mucho tiempo y, principalmente, esfuerzo, pero no tengo claro el término de escritor. Cuando estoy escribiendo, de madrugada y frente a la computadora, sí, puedo decir que en ese preciso momento soy escritor, pero después soy abogado, padre, pareja, amigo, que se yo.

-¿Tenes una rutina para escribir?

-Escribo de madrugada. Es el único momento en que el teléfono no suena, no hay redes, correos electrónicos. El problema es que llega un momento del año en que el cuerpo ya no me acompaña y suena el despertador (4 o 4:30 am) y sigo de largo.

-¿Qué te gustaría que el lector encuentre?

-Me gustaría que el lector pueda meterse en la historia y que los personajes lo acompañen mientras dure la lectura. Que no se sientan traicionados, me refiero a la sinceridad de los personajes. No mucho más, no me interesan los mensajes, las bajadas de línea.

-¿Cuál es el rol de la literatura?

-Qué pregunta. Depende qué incluyamos en el término "literatura". Porque si entendemos por literatura, por ejemplo, todos los libros publicados en este tiempo, bueno, cumpliría muchos roles. Educativos, de entretenimiento, etc., etc. Ahora, en la literatura que a mí me gusta, quizás, el rol es que te peguen una piña. Que leer un texto te deje en un estado mental distinto al que tenías cuando arrancaste. Ni mejor, ni peor. No lo mido con parámetros morales. Pero sí en términos de turbación. La literatura que a mí me gusta tiene el rol de dejarte en un estado de ebullición mental, como cuando te dan una piña.

-Vos además tenes una librería, ¿Qué significa el mundo de los libros para vos?

-Tenemos una librería, Dulcinea, en San Isidro, que es una librería especializada en literatura infantil y juvenil. Es más bien un espacio para tomarse el tiempo de elegir un libro, junto con los chicos. El mundo de los libros forma parte de mi día a día, sin dudas. Por la biblioteca de mi casa, por la librería, porque escribo. Pero no me gusta exagerar, puede sonar antipático, pero odio la sobreactuación. Son parte de mi día a día, pero jamás te diría "son mi vida" o cosas por el estilo. Tengo otros intereses y otras necesidades más allá de los libros.

-¿Y escribir en que te cambió la vida?

-Me saca horas de sueño. Jaja. Y me mantiene alerta.

-¿Tenes miedo a la hoja en blanco?

-No demasiado. El hecho de estar escribiendo y estar inmerso en un proyecto concreto es una sensación muy linda. Y creo que la pulsión de escribir pasa un poco por ahí. Pero imagino que la hoja en blanco ocurrirá cuando no encuentre algo para decir, o que me parezca interesante compartir. Y habrá que aceptarlo.