No sé cuántos lectores hay del otro lado -espero que millones- pero estos días estuve pensando en confesarles qué me pasa cuando, cada miércoles, escribo esta columna. Me resulta a veces difícil porque el porno es un campo que tiene poca variedad. Pero otras veces, lo habrán notado, me permite liberar la escritura de las exigencias diarias del periodismo. Eso hace que valga siempre la pena hacerla. También vale la pena cuando, por azar, uno encuentra alguna película que excede el todoeslomismo genital que sostiene el porno. O cuando, como en este caso, se cruza con historias divertidas.

La historia en cuestión es la del nacimiento del porno en Italia, país que ha figurado entre los máximos productores europeos del género -y también, de los máximos consumidores. Sin embargo, Italia llegó al XXX bastante más tarde que Alemania, Francia e incluso Inglaterra, donde aún se cortan películas. Y no por deseo, justamente. Es cierto que fue antes que en España, que hubo de esperar que pasara el "Tejerazo" (el intento de golpe de Estado que, en 1981, casi termina con el proceso democrático instaurado tras la muerte del dictador Francisco Franco) y llegara "el destape" (el término nació en Madrid, como "La movida"), pero en Italia no existían esos problemas políticos. Por otro lado, la península era productora tradicional de cine de género que se exportaba mucho y bien. Desde el spaghetti-western de Sergio Corbucci (ese de los Giuliano Gemma o los Terence Hill) hasta el "giallo", el terror sangriento de Dario Argento o Mario Bava, más la comedia erótica (donde incluso brillaban tipos con mucho nombre como Mario Monnicelli), Italia tenía una exportación importante. Pero a mediados de los setenta eso entró en una espiral de problemas y suba de costos. El asunto de la inflación mundial causada por la crisis de los petrodólares, las convulsiones políticas -recuerden que Italia tenía dentro a las Brigadas Rojas, asesinas del líder demócrata cristiano Aldo Moro- y unos Estados Unidos en recesión generaron distorsiones en todos los negocios, incluido el show-bussiness, especialmente el cine. El cine es -era- caro, un arte que requiere de muchísimo dinero para existir. En Italia, una película clase B salía alrededor de medio millón de dólares de entonces, que podrían ser cinco o diez de hoy.

En 1978, la industria del cine de género y clase B en Italia llegó a una crisis casi terminal por los costos

Hay un libro llamado Luce Rossa ("Luces rojas") de Franco Grattarolla y Andrea Napoli, ambos investigadores e historiadores del cine, que narra el origen del porno italiano. Es un libro hermoso, lleno de anécdotas interesantes, entre divertidas y tiernas, y también de datos duros. El primero: una película porno salía la décima parte de lo que costaba hacer una clase B cualquiera. Y funcionaban en taquilla casi indiscriminadamente. No se hacían porque se pensaba que no iban a tener público. Sorpresa: lo tenían.

Nunca, de todos modos, fueron demasiado exitosas. Pero sí lo suficiente como para que justificaran su existencia, especialmente en ese lustro que va de 1978 a 1983, que es el momento donde el porno tuvo su auge en Italia. La cosa es simple: hasta entonces, había un cine erótico con desnudos y picaresca, las películas protagonizadas por Edwige Fenech o Gloria Guida, que llegaban frecuentemente a estas pampas aunque sufrían cortes varios. Pero en el 78 el cine de género tuvo una crisis casi terminal. La censura en Italia, hasta entonces, no había dejado pasar ninguna explicitud genital. Pero ese año las cosas eran casi terminales. Un poco la culpa la había tenido Darth Vader: el éxito universal de Star Wars había generado una demanda de entretemiento familiar que dejaba fuera el giallo, la comedia erótica o el western, por otro lado géneros que quedaban anacrónicos en ese paisaje. La segunda, a esa altura, requería radicalizarse o desaparecer. Y entonces llegó el porno.

Las películas porno italianas del principio tiene una torpeza que hace de Garganta Profunda, por comparación, El Ciudadano. En ese 1978, Zozzerie di una moglie in calore (algo así como "guarradas de una mujer caliente", siendo lo más corteses posible) que fue un éxito. La película cuenta cómo un señor con un telescopio excita a su mujer, y cómo esta, una vez excitada, tiene varias relaciones sexuales con hombres y mujeres, además de imaginar algunas otras en una línea narrativa que podemos, con benevolencia, llamar "zigzagueante". Hay mucho sexo manual explícito (aunque también hay planos de penetraciones y de sexo oral, la manualidad es lo que más abunda, entre parejas heterosexuales y parejas lésbicas, con algún trío ocasional). Y hay cosas que son muy graciosas. Por ejemplo: en esos años no existía el Viagra. Lo que implica que el hombre debe de estar siempre listo, especialmente en una industria pequeñita y muy costosa como la del cine en fílmico y porno. ¿Qué se hacía cuando el caballero o perdía la concentración o terminaba su tarea demasiado pronto? Se pasaba a un plano cerrado de sexos en movimiento donde el "doble de cuerpo" era algún afortunado técnico. No había tiempo que perder porque tiempo era dinero. Estas producciones se hacían en dos o tres días, se filmaban en casas particulares y a veces se utilizaban escenas de unas en otras películas. Curiosamente, muchas de estas obras se "copiaron" de las películas de Isabel Sarli, que llegaban en versiones un poco más hot que las locales a los países europeos. Por un tiempo, películas como Zozzerie... o los clásicos Sesso Nero (" Sexo negro", también conocida como Orgasmo Nero), del pornógrafo decano de Europa Joe DAmato -luego descubridor de Rocco Siffredi- o la hoy infilmable -hablaba de una menorcita de edad, aunque la actriz había dejado la adolescencia hacía décadas...- Pat, una donna particolare ("Pat, una mujer especial").

Casi todas estas películas, rodadas con mucha picardía y con vocación de servicio -o de ser un vicio, elija- se pueden encontrar en Internet. Esas películas ayudaron a que el cine de género en Italia, o al menos sus técnicos y sus productores, pudieran seguir en el negocio. Luego llegó el VHS, muy pronto para este país, y la producción pasó al videocassette. Pero esa es otra historia llena de melodrama y sexo muy conversado.

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