"Escribir para mí es un impulso básico. Ya de niño garabateaba. Escribir erótica es consecuencia del conflicto, ya de adolescente, entre la importancia que para mí tenía la vida erótica y la increíble hipocresía con que se la trataba. Piénsese que fui adolescente en los años sesenta", dice a el escritor uruguayo Ercole Lissardi.

-¿Sentiste en algún momento que había prejuicio con el género?

-Por supuesto. Montevideo es una capital de provincia, y para peor la cultura totalmente dominante allí es la cultura de izquierda, que es una cultura pacata. Obviamente que se me estigmatizó como pornógrafo. Por suerte encontré la manera de publicar en Buenos Aires.

-¿Hay palabras que no se pueden decir?

-Las palabras prohibidas son las que refieren, en lenguaje coloquial, a las intimidades del cuerpo. La marca de fábrica de la religión católica es el miedo y la represión del cuerpo y sus intimidades. Decir esas palabras o no en la vida cotidiana es cuestión de circunstancias. Aunque hay almas puras hasta la demencia que son capaces de cortarse la lengua antes de pronunciarlas.

-¿Cuál es el rol de la fantasía?

-Corregir la realidad. Sin fantasías el mundo tal cual es sería inhabitable. Lo suicidas son aquellos que ya no son capaces de fantasear.

-¿Tenes límites a la hora de escribir?

-No. Si tuviera límites a la hora de escribir, no escribiría. Escribo erótica porque desde la primera vez que lo intenté supe que espontáneamente, sin forzarme en absoluto, no tengo ningún límite ni en el lenguaje ni en la imaginación. Si alguien me demostrara que no es así seguramente que entraría en crisis. Lo único que me prohíbo al escribir es resultar repetitivo o aburrido.

-¿Cómo surgió el El Ser de Luz y La Diosa Idiota?

-Mi personaje ha llegado a ese momento en la vida en que no queda sino mirar atrás y evaluar lo vivido. Comprende que las relaciones con estas dos mujeres son lo más intenso que le tocó vivir en materia amorosa. Comprende también que nunca comprendió realmente la naturaleza de esas relaciones. Descubre que la herida está viva y que ya es definitivamente inconsolable. Recurre a la imaginación para volver a vivir las relaciones con ellas, ahora como trío perfectamente armonioso. Debo decir que para mí esto es más que literatura. Creo realmente que la imaginación es el único antídoto contra lo irrevocable.

-¿El Ápice y otras historias las escribiste para que se publiquen juntas?

-No necesariamente. Pero las escribí el mismo año y tienen características estructurales y de estilo que me hacen pensar que van bien juntas. Por lo demás las escribí desde un mismo modo contemplativo, como el entomólogo observa a sus bichitos.

-¿La pasión por las mujeres puede ser la peor de las perdiciones?

-Todo aquello que te separa de la conciencia de tu existencia puede llevarte a la perdición. Motivos de perdición hay de todo tipo y de todos los colores. En particular la pasión por las mujeres, la del coleccionista, la del mujeriego, puede llevarte a perderte de ti mismo. Mis personajes entiendo que no están prisioneros de esa pasión, entiendo que lo único que los mueve es el auténtico Deseo. El Deseo es una fuerza misteriosa que nos hace alucinar a otro ser humano como raro, peculiar y único, portador de su secreto cuyo contenido ignoramos por completo, pero del que creemos que nada tiene sentido si no lo conquistamos.

-¿Cuándo supiste que querías ser escritor?

-No supe que quería ser un escritor, supe que era un escritor antes aun de saber qué es un escritor. Imaginar y trasladar lo imaginado a la página mediante la escritura no es algo que te propones hacer, es algo que hacés espontáneamente porque es tu manera de negociar con la realidad. Eso te ancla. Sin eso estás a la deriva.

¿Por qué escribías con seudónimo?

-No escribo con seudónimo. Me cambié de nombre. Empecé a publicar a los cuarenta y pico. Cambiar de vida implicaba para mí cambiar de nombre. Por lo demás el apellido de mi padre nunca me provocó ni la más mínima simpatía.

-¿Por qué decidiste sacar tu propio sello?

-Decidimos, con Ana Grynbaum, escritora y mi esposa, dar a luz un sello porque nuestra experiencia con los varios editores que se ocuparon de nuestros libros nunca fue totalmente satisfactoria. No pretendo criticar públicamente a nadie, pero los editores que nos tocaron, a los cuales agradecemos el esfuerzo, no hicieron con nuestros libros lo que creíamos que se debía hacer.

-¿Por qué lo llamaron Los libros del Inquisidor?

-Pretendemos publicar los libros que el Inquisidor selecciona para la hoguera pero que secretamente se lleva a su casa para leerlos a escondidas.

-¿Qué opinas de la cultura de la cancelación?

-Nada. Es otro brote, otra moda fascista que no durará más que un verano. Si uno cree que una persona o una obra merece la represión, la prohibición o lo que sea tiene que denunciarla ante las instituciones dedicadas a impartir justicia, no llamar al linchamiento.