Una reciente encuesta realizada en Gran Bretaña y difundida ayer por Variety muestra que el 60% de quienes utilizan Internet han bajado contenido pirata. Lo más raro del asunto consiste en que el 53% de quienes han admitido esa costumbre acuerdan que la práctica es ilegal y están en desacuerdo con ella. Pero -y esta es una curiosidad mayúscula- en general admiten también que primero intentaron acceder a contenidos por medios legales y solo después a través de la piratería.

La guerra contra la descarga ilegal de música, audiovisual e incluso libros es tan antigua como Internet. El problema básico es que, dada la matemática binaria que rige todo el universo digital, no existe securización absoluta. Tampoco es posible controlar, en una red global con demasiada gente conectada al mismo tiempo, cómo circulan los contenidos o el grado de legalidad de quien los posee. Pero lo que esta encuesta revela es mucho más interesante: el usuario medio prefiere pagar un precio razonable por contenidos antes que tomarse la molestia de acceder a ellos de modo ilegal, solo que los medios "legales" carecen de la variedad o diversidad que el público puede llegar a buscar.

El mito es que "todo está en Internet", aunque no es del todo cierto. Cualquier cinéfilo o melómano exquisito sabe que es difícil acceder a películas clásicas, a música experimental contemporánea, a libros que no sean best sellers. Por norma, algún alma caritativa puede llegar a poner a disposición de quien lo desee uno de estos contenidos "esotéricos", pero es totalmente aleatorio. El gran problema consiste en que las plataformas de descarga legales así como los SVOD o los diferentes sistemas a la carta solo disponen de una variedad limitada de lo que se supone que es más "comercial". Por lo tanto, la única alternativa para acceder a un panorama cultural amplio termina siendo la piratería.

Esta situación no hace más que empeorar en la medida en la que crece la concentración en el mercado de los contenidos. Cada vez menos operadores con cada vez más derechos sobre materiales vuelve el asunto un problema cuya insolubilidad crece. Dos datos de la encuesta son relevantes en este sentido: el 91% de quienes admiten haber realizado descargas ilegales están suscriptos legalmente a algún servicio de contenidos como Netflix, Apple o Spotify. Es lo que no encuentran lo que los lleva a la descarga ilegal. Y otro dato: la piratería estaba en disminución hasta 2016. Pero en 2017 la visita a sitios ilegales subió un 1,6% a nivel mundial, lo que es paralelo a una concentración cada vez mayo de operadores y a la falta de diversificación en la oferta. Con este panorama, el negocio digital crecerá y la piratería, también. Algo no está funcionando con el paraíso prometido del "todo para ver" que alguna vez prometió la libertad de la web.

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