Rosita, es una mujer que a la vejez sufre un lento y prolongado deterioro. La narradora, su hija, observa ese doloroso proceso. La visita, la escucha, le lee, intenta hacerla reír, le canta. Narran el pasado de Rosita, el encuentro con su marido y la creación de una familia, con lo que eso implicaba para muchas mujeres de entonces, con lo que tenían que postergar.

Al escribir sobre ella la narradora se encuentra, como en espejo, con su propia infancia, su juventud, sus primeros amores, su falta de deseo de tener hijos. Es una novela intima sobre el final de la vida de una madre ante los ojos de su hija y también un homenaje. Para la autora, su madre fue un gran apoyo y su gran compañera. El nuevo libro de la escritora y cantante Silvia Arazi, dedicado a su madre nació de un duelo. La autora que reparte su tiempo entre Buenos Aires y Colonia dialogó con Bae Negocios sobre su nuevo libro.

-¿Cómo fue que decidiste escribir sobre tu madre?

-Las razones que me impulsan a escribir siempre son misteriosas, también en este caso lo son. Tal vez fue una forma de acercarme a mi madre, de recuperar un voz tan querida, de reparar con palabras esa ausencia.

-¿Es todo real o usas también elementos de la ficción?

-Trabajé el texto con estrategias de ficción, pero todo lo que narro es real, aunque la palabra "real" es muy engañosa. La realidad no es más que una interpretación, un vínculo entre nuestra subjetividad y los hechos. Pero sí, todo lo que narro ocurrió.

-¿En que te cambió a vos escribir este libro?

-No podría asegurar que este libro me cambió, no creo que la escritura pueda cambiar una vida, pero sí me permitió bucear en la memoria, en algunos aspectos de la vida de mis padres y en la propia. En ciertas zonas que mi mente guardaba en penumbras. En ciertos casos, me sirvió para iluminarlas, en otros, para plantearme interrogantes.

-¿Qué te gustaría que el lector encuentre?

-Lo que él quiera. Un libro es un puente que solo se completa con la mirada de quien lee, y en cierto modo, cada lector se encuentra con su propia historia.

-¿Cómo se narra el vacío de la muerte?

-El vacío de la muerte es inenarrable, es silencio, es no-palabra. Un vacío que no se puede llenar con herramientas humanas. Solo podemos tratar de capturar con palabras un momento, un gesto, el recuerdo de una voz, aunque la mayoría de las veces esto no sea más que un intento fallido.

-¿Este libro es un homenaje a tu mamá o una manera de eternizarla?

-Es ambas cosas. También es una novela familiar, el diario de un duelo, y una historia de amor.

-¿Cómo elegiste el título?

-Tuve en mente ese título desde un primer momento. A veces se me ocurrían otros, pensaba en cambiarlo, pero siempre volvía a él. Desde siempre me interesó la voz humana –ese puente entre la materia y el espíritu- y también el tema de la maternidad. Se suele mencionar a la voz del padre como la voz de Dios, la voz primordial, la voz primera. Pienso que la voz de la madre, en el mundo terrenal, también lo es.

-¿Cuál es el peso de voz de la madre en una hija mujer?

-La voz de una madre nos marca para siempre. Las hijas casi siempre queremos parecernos a ella, o diferenciarnos. Nunca nos es indiferente. No importa si tuvimos una buena o mala relación, el eco de esa voz nos persigue. Siempre estará viva en nosotras.

-La narradora dice que las voces son únicas, ¿la propia es difícil de encontrar?

-Cada voz es única, sí, pero tenemos muchas. A lo largo de mi vida, mi voz viajó a través de diferentes naves. En este momento mi voz encuentra su lugar en la escritura, pero más adelante no sé. Quién sabe. No creo que seamos siempre los mismos.

-A partir de escribir la novela ¿pudiste entender más a tu mamá?

-Casi podría afirmar lo contrario. Más bien pude encontrarme con sus zonas en sombra. Todo ser humano es un enigma para el otro. Mi madre también lo es para mí.

-¿Te imaginas que hubiese opinado ella del libro?

-Imagino que ella, una mujer tan tímida, hubiera sentido pudor al saberse protagonista de un libro y al ver su imagen en una portada. Pero me gusta pensar que, secretamente, hubiera sonreído con orgullo.