"Todo comenzó con escenas, que aparecieron como partes de una película de la que aún no se conoce el argumento. Comencé a escribirlas tales como las visualizaba, tal vez por eso muchos dicen que esta novela tiene un ritmo cinematográfico.A partir de ahí la historia se fue formando en mi mente como un rompecabezas del que al principio solamente tenía unas pocas piezas. Después, de una manera casi mágica, los hilos se fueron uniendo y surgieron estas dos historias que se amalgaman de manera inesperada, con giros que sorprenden, lo cual no me permite revelar demasiado del argumento para no disminuir la experiencia del lector", dice la escritora argentina Judith Mendoza-White desde Australia donde vive.

- ¿Te llevo mucho tiempo de investigación?

-La investigación me llevó el tiempo que tardé en escribir la novela, ya que quería que cada detalle que incluía fuera estrictamente verídico, aun los más mínimos, ya sea la tela o los detalles de moda de un vestido de la década en cuestión, la forma de recibir o visitar, los paseos, las salidas, etcétera. Aunque A veces la tarde miente no tiene hechos verídicos, ya que es enteramente producto de mi imaginación, fue muy importante empaparme de la época para poder meterme en la piel de los personajes y sentir sus vidas diarias, imaginar sus pensamientos, sus acciones, sus sensaciones. Para esta novela leí diarios, revistas y correspondencia del periodo histórico (1887-1936), y como decía antes, investigué cada detalle que quería incluir: las comidas que se servían, los productos que estaban en boga, la forma de hablar y de comportarse en público y en privado en la aristocracia del Buenos Aires de principios del siglo veinte. Para la parte de la novela que se sitúa en un pequeño pueblo de la provincia de Buenos Aires, además de acudir a recuerdos de los relatos de mis abuelos, que crecieron en pueblos similares alrededor de la misma época, visité el registro civil y archivos de mi pueblo natal, Bragado, donde tuve accesos a correspondencia y documentos que me permitieron aumentar mi conocimiento de la vida y actividades de esos tiempos.

-¿En todas las épocas las personas están marcadas por los mandatos?

-Considero que en todas las épocas hay personas, o grupos, que tienden a seguir aferrados a mandatos familiares, sociales, religiosos. Hay quienes, pese al constante cambio del mundo actual, se aferra a mandatos que hace propios, creándose una realidad donde hay cosas que están bien, en tanto otras están mal, son incorrectas, son un pecado, un error. Esto se hace, y esto no. En mis novelas muestro personajes así, que obedecen ciegamente los mandatos de su grupo social o familiar, en tanto otros se permiten trascenderlos, decidir por sí mismos lo conveniente para ellos y sus vidas, aun si esto contradice los valores familiares o sociales de la época. A veces la tarde miente refleja este dilema, y también el peso de las decisiones ancestrales en el destino familiar, la manera en que la historia familiar puede definir destinos en las generaciones posteriores.

-¿Cómo era el amor en esa época?

-El amor ha existido siempre como una fuerza involuntaria, muchas veces inesperada o inexplicable, pero en la época en la que transcurre esta novela estaba reglamentado por el matrimonio. No podía o no debía existir entre dos personas que no hubieran sido unidas por Dios y los hombres. También era una época propensa a los matrimonios arreglados, sobre todo en las clases altas, lo cual disociaba al amor del matrimonio. Sin embargo el amor y la atracción física podían surgir fuera de esta institución, como es lógico, dando lugar a escándalos, secretos y vidas paralelas.

-¿Cuál era el espacio de la pasión?

-A mi entender, esa época y todas han sido ricas en pasiones, amores, odios, celos. Lo que varía es la manera en que se vivían antes, o se viven ahora, estas pasiones. Algunas épocas consideraron ciertas situaciones que se viven en A veces la tarde miente como algo tabú, secretos vergonzosos, incluso como pecados, cuando la mirada contemporánea ya no los vivencia de la misma forma.

-¿Elegís por algo en especial las novelas corales?

-No las elijo, pero como escribo el tipo de libros que disfruto leer, suelen surgir. Me gustan las novelas ricas en personajes y conflictos, con historias fuertes, algo polémicas, donde el final nunca es predecible. Esta novela fue surgiendo así, con historias paralelas que terminaron uniéndose en un giro que los lectores suelen encontrar muy sorprendente, y el elemento coral me permitió desarrollar personajes muy distintos, de clases sociales diferentes, que pintan una época y distintas formas de vivir y de pensar.

-¿Te cuesta dejar a los personajes?

-Sí, no es fácil, porque mientras escribo pienso de continuo en los personajes y sus historias. Me pregunto qué va a pasar con ellos, o mejor dicho que es lo que quiero que les pase, y no paro hasta averiguarlo, hasta sentir que la historia encaja, que llega hasta donde quiero llevarla. Por lo tanto vivo con mis personajes durante mucho tiempo, y se quedan conmigo después. Disfruto mucho creándolos, sintiéndolos volverse reales.

-¿Qué te gustaría que el lector encuentre en esta novela?

-Espero que encuentre una historia que lo sorprenda, cuyo desarrollo no pueda predecir, que lo lleve a reflexionar sobre el destino humano y las posibilidades que tenemos de cambiar nuestra vida, de reescribirnos. La historia resonará con aquellos que se interesen por las pasiones fuertes, la concepción social del pecado, la forma en que los secretos familiares pueden influir en las generaciones. También espero que muchos lectores se interesen por las diferentes técnicas que utilizo en la novela, por la manera en que elijo contarla, ya que creo que esto es un aspecto importante en mi obra:además de la historia que quiero contar, también me interesa mucho la forma en que la escribo. Soy muy exigente conmigo misma: busco que las palabras suenen como lo deseo, que las frases tengan el ritmo y la cadencia que quiero lograr.

-¿Cuándo supiste que querías ser escritora?

-Lo supe desde siempre. Más que saber que quería ser escritora, sabía que era escritora, que había nacido para escribir. Empecé a escribir en cuanto empecé a leer, alrededor de los seis años. A los ocho escribí mi primer libro de poemas, a los trece mi primera novela, que fue seguida por otra a los quince, y jamás dejé de escribir. Escribir es mi pasión y mi obsesión, y trato de crecer como escritora con cada obra. Estudio de continuo, leo permanentemente, y en los últimos años al empezar a escribir en dos idiomas mi carrera y mis posibilidades se ampliaron de manera que en los comienzos no hubiera podido imaginar.

-¿Por qué elegiste este género?

-Al escribir no elijo un género determinado. Mis novelas suelen inscribirse en un cruce de géneros, y no pertenecen a uno en particular. Pese a que A veces la tarde miente ha sido incluida entre las novelas románticas porque el argumento contiene historias de amor, rompe el molde del género ya que hay mucho más que elementos románticos en la novela, que no sigue el patrón usual de la narrativa romántica. Es histórica porque está situada en épocas anteriores a la contemporánea, si bien no narro hechos históricos. Por lo tanto considero que esta novela es una combinación de novela histórica y social, con elementos de suspenso y de novela epistolar. Por eso es una novela de difícil clasificación, ya que tiene elementos de distintos géneros.

-¿Nos sirve el pasado para entender el presente?

-Creo que mirar al pasado ayuda a comprender mejor la naturaleza humana, a advertir los errores que se han cometido y a menudo se siguen repitiendo en las distintas épocas. En A veces la tarde miente el pasado es crucial, sobre todo el pasado familiar y generacional, ya que la novela explora la influencia que las decisiones de nuestros ancestros pueden tener sobre las generaciones posteriores. El lector va a ir advirtiendo el peso de los secretos familiares en los destinos de los personajes, y como los patrones familiares pueden ir repitiéndose, muchas veces en forma inconsciente.

-¿Por qué el titulo?

-La tarde tiene protagonismo en la historia, que está atravesada por secretos, entre ellos uno muy doloroso, que marca varias generaciones. La tarde oculta algo, un secreto compartido. Además hay ciertas tardes en las que ocurren hechos claves para la historia, que señalan el destino de los personajes. Prefiero no dar más detalles para no disminuir la experiencia de los lectores, ya que como dije antes hay giros inesperados que cada lector y lectora descubrirá a medida que avanza la lectura.

-¿Tenes rutina para escribir?

-Debido a que trabajo y estudio (soy profesora de inglés académico en la Universidad de New South Wales en Sydney, y estudio una maestría en escritura creativa en la Universidad de Oxford,d Inglaterra) actualmente viajo mucho entre tres continentes y países, lo cual a veces no me permite tener una rutina fija para escribir. Escribo en cada momento libre y un mínimo de tres o cuatro horas diarias, muchas más en mis días libres o menos ocupados. Mi rutina favorita, me encuentre en la ciudad que me encuentre, es escribir en cafés. Tengo mis favoritos, y amo escribir con murmullo de conversaciones y sentir la gente a mi alrededor. A veces la tarde miente ha sido escrita en cafés de Buenos Aires, Oxford, Londres y Sydney. Es una novela tan ecléctica como los lugares donde fue creada.