Se sabe que el jazz europeo es una usina de creatividad permanente, que en muchos casos revitaliza el lenguaje del género al incorporar elementos de la tradición sonora de cada región. Y Europa, por cierto, está ligada a la vida ûy al exilio- de muchos grandes músicos norteamericanos, que en cierto momento percibieron que recibían mayor consideración allí que en su propio país. Habrá que recordar los casos de Dexter Gordon, Kenny Drew o Stan Getz, entre tantos otros, que le deben a ciudades como Copenhague una oportuna contención para su desarrollo artístico.

En las últimas décadas, a fuerza de apoyo estatal y privado, organización de festivales (el de Umbria es una institución), proliferación de sellos discográficos y, fundamentalmente, surgimiento y consolidación de grandes músicos, Italia se ha constituido en una suerte de faro en el Viejo Continente para el presente del jazz.

Ya no sólo son los trompetistas Enrico Rava y Paolo Fresu o los pianistas Enrico Pieranunzi y Stefano Bollani los embajadores de esta ola que se extiende más allá de Europa. El caso de los pianistas es emblemático: hay históricos que sigue grabando y tocando o lo hicieron hasta hace poco, como Renato Sellani ûde una sensibilidad superlativa, murió en 2014- o Franco DAndrea ûun innovador permanente- sino que recurrentemente se abre el camino para nuevas generaciones que aportan miradas novedosas. Hay que anotar en este listado a Stefano Battaglia, Rita Marcotulli, Claudio Cojaniz, Andrea Pozza, Danilo Rea, Giovani Mirabassi o Enrico Zanisi, entre tantos otros.

En Roma, un amplio complejo ideado por la comuna local que incluye el Auditorium Parco della Musica le dio un impulso decisivo al consumo de jazz. El complejo es administrado por una fundación que también cuenta con una Casa del Jazz y un sello discográfico cuyas ediciones es recomendable explorar. Recientemente lanzó dos discos de especial encanto: A Light Day, un solo piano de Franco DAndrea, y Hip! The Blossom Dearie Songbook, de la pianista y cantante Silvia Manco, acompañada por Enrico Rava en trompeta, Max Ionata en saxo, Dezron Douglas en bajo y Jerome Jennings en batería.

Capítulo aparte es el de los sellos independientes. Muchos marcaron una época, como el sofisticado Egea, donde grabaron Pieranunzi, Marcotulli, Bebo Ferra, Pietro Tonolo y Gabrielle Mirabassi, entre otros, o también Splasc(h) -que lanzó a Fresu-, Vía Veneto y Philology, que reclutó a grandes músicos no italianos, como Chet Baker y Lee Konitz. Hoy, CamJazz tomó la posta de las ediciones especialmente cuidadas. Acaba de lanzar dos tandas de exquisitos discos grabados en vivo en "Wineries" de distintas regiones italianas, en las que se entremezclan solos, dúos y tríos de los más grandes músicos locales, como Pieranunzi y Rita Marcotulli. CamJazz también administra el catálogo de otros dos reconocidos sellos como Soul Note y Black Saint. Hay algunos más igualmente activos para prestar atención, como Auand o Dodicilune.

Y hasta el reconocido ECM concedió amplio espacio a artistas italianos. El último ejemplo es un extraordinario disco que acaba de lanzar con el dúo del clarinetista Gianluigi Trovesi y el acordeonista Gianni Coscia en homenaje a Umberto Eco, La misteriosa música della Regina Loana.

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