La semana psada hablamos de una película animada con sexo. Lo que llevó al autor a pensar que gran parte del cartoon clásico está plagado de metáforas sexuales y alusiones casi pornográficas. "Casi" porque a ninguno de los creadores de Looney Tunes, los cortos de MGM o incluso Disney hubiera dibujado un pene o una vagina, aunque contrabandeaban cosas bastante más interesantes y divertidas. Hay un mito que narra que Preston Blair, un gran diseñador de personajes que trabajó para Disney y como adláter/cómplice del gigantesco Tex Avery, mandó dibujos de su personaje Red, la pelirroja de la que vamos a hablar en unas líneas, desnuda a los soldados que peleaban en la Segunda Guerra Mundial, e incluso -incomprobable- hay una versión con material explícito de Red Hot Riding Hood, una de las películas más influyentes de la historia del cine... aunque usted no lo crea.

Red Hot Riding Hood es un corto de siete minutos que puede ver tranquilamente en YouTube o Dailymotion. Es de 1943 y se pasaba normalmente en canales como Cartoon Network hasta hace algunos añlos, Todavía, cada tanto, aparece en un canal de cable. La historia es simple: Caperucita, el Lobo y la Abuelita están absolutamente hartos del cuento que les toca protagonizar y quieren algo nuevo. Los dibujantes, entonces, trasladan la acción a la década del 40, a un cabaret de Los Angeles donde el lobo se excita mucho al ver a la pelirroja Red hacer una rutina de burlesque que se copió de los movimientos de las estriptiseras de la época. Luego la sigue a la "Casa de la Abuelita", transparente una especie de prostíbulo donde vive la Abuelita, una señora lasciva que intenta por todos los medios arrastrar al Lobo a la cama. Todo termina mal, el Lobo se suicida pero, ante una nueva rutina de Red, revive excitadísimo.

Ahora deténgase aquí, piense en lo que narramos y pregúntese si alguien podría hacer un cartoon infantil así en estos días.

No, claro que no.

Este tipo de cortos era bastante frecuente y Red protagonizó varios. En uno de ellos, Swing Shift Cinderella, al tocar las doce deja de ser una chica divertida para vestirse como obrera y tomar el bus a la fábrica de aviones donde las mujeres trabajaban a la par de los hombres durante la Segunda Guerra, y el camión está lleno de lobos, justamente. Nada que hoy se pueda hacer.

Pasemos a otro gran creador, Chuck Jones. Si Avery es el irónico que rompe todo, Jones, su amigo y discípulo, es el gran ironista de los dibujos animados. Sus cuentos siempre hablan de un personaje alienado que no cuaja con el mundo que le toca pero no se da cuenta de eso. Por ejemplo, Daffy Duck en Duck Dodgers en el siglon XXIV1/2. O el Coyote. O el mayor amante del cartoon, el zorrino Pepé Le Pew. Que solo quiere amar y ser amado. Bueno, quizás lo segundo no tanto: en algunos cortos (el oscarizado For Scent-imental reasons, de 1949) la gatita termina persiguiéndolo y él huye. Lo gracioso es el acoso que el zorrino no ceja en realizar, y hoy, en plena corrección política, sería de imposible realización, incluso si Jones tiene bien claro que Pepé es un psicópata y, en el fondo, sus ocho cortos son ironías sobre el terror, el poder y la alienación.

Un realizador menos célebre es Robert Clampett, también discípulo de Avery. Sus películas son pura anarquía e inventó algo: pegar dos fotogramas totalmente distintos para generar en el espectador la sensación de caos propia del cartoon clásico más representativo. Pero también era un gran ironista sexual. Hay que ver Bacall in arms (donde un lobo, otro lobo, se excita y enloquece al ver a Laureen Bacall en Tener y no tener), o el final de su genial Book Review (1949) con mujeres excitadas por escuchar a Frank Sinatra, más un final con broma gay y todo. Pero su obra maestra e incorrecta es Coal Black and the sebben dwarfs. Blancanieves es una chica negra, el Príncipe es un jugador de dados, y en un momento es secuestrada por asesinos, de los que escapa tras proveerles de sexo (es evidente, aunque no se vea). Todo es puro jazz y celebración de la cultura popular negra, pero fue prohibido. Al final, el príncipe falla en despertarla y lo hace un enanito, el más chiquito. Al lograrlo, el príncipe pregunta, literal, "Cómo hiciste para que la chica quede tan caliente", y el enano responde "Es un secreto militar". Uno fálico, claro.

En muchos cortos, especialmente los realizados durante la Segunda Guerra Mundial, hay alusiones directas al sexo, chistes fálicos (ver el antinazi The Blitz Wolf, de Avery, 1942) sin contar el material que se producía para los soldados (la serie SNAFU, de Chuck Jones y Friz Freleng, el último "papá" de la Pantera Rosa). Estos tipos hacían animación no para agradar a los niños (ni pensaban en ellos) sino para ser libres, que era lo único que les quedaba en un campo pésimamente pagado. Pero incluso cuando el jefe pagaba bien había sexo por todas partes. Bienvenidos al mundo erótico de Mickey Mouse.

Los primeros cortos de Mickey Mouse tienen muchos chistes subidos de tono. Especialmente de 1928 a 1932, nacimiento y consolidación del personaje. En The , Gallopin Gaucho (1928) baila un erótico tango con Minnie; en Karnival Kid (1929), aparecen salchichas fálicas y chistes anales. Pero el primer corto realizado (era mudo, por eso se estrenó cuarto, en 1929), Plane Crazy, muestra a Mickey tratando de crear un avión y hostigando hasta el desastre, sexualmente, a Minnie, a la que incluso amenaza con tirar del aeroplano si no lo besa. Ese tipo de humor hoy no se puede ni pensar, pero en su tiempo era moneda corriente. Mickey tenía sexo, alcohol e incluso drogas (como su contemporánea Betty Boop... vean Im a Gigoló), porque así era la época. Más libre para imaginar, aún, lo incorrecto. De paso, todo este material es de fácil acceso on line. Vea lo que le contrabadeaban de chico.

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