Hace algunas semanas, Netflix se convirtió -brevemente- en la compañía con más capital del mundo, superando a Disney por algunas horas. Las acciones del gigante del SVOD arden, pero quizás -solo quizás- el auge de la firma deba bajar la temperatura. El pasado viernes, la acción llegó a un pico histórico de u$ 411.09. Pero el lunes tuvo una baja del 6,5%, la mayor que sufriera la compañía desde que comenzara a cotizar en Wall Street. Las razones para este descenso son varias, y todas presentan señales de preocupación para la compañía.

La primera fue el despido del jefe de comunicaciones Jonathan Friedland, por expresiones racistas en una asamblea que se hicieron públicas. En un momento en el que existe altísima sensibilidad al discurso y se pone la lupa en las actitudes de acoso y discriminación de toda empresa, el hecho no pasó inadvertido. Reed Hastings, en un memo interno que explicaba el despido (y que, obviamente, estaba escrito para los inversores) declaró que Friedland no respetaba los auténticos valores de la compañía. De paso, la nueva campaña publicitaria de Netflix en los EE.UU. subraya el trabajo de los afroamericanos en sus producciones.

La segunda tiene más peso. Hasta ahora, Netflix reina solo en el campo del SVOD porque no tuvo reparos en avanzar mientras el SVOD carecía de verdaderas alternativas. Se instaló internacionalmente, además. Pero las noticias que llegan de Europa le presentan, por primera vez, competidores serios. Primero, la red Salto que integra programación y producción original de las principales televisoras de Francia on demand. Pero es menos un SVOD que un depósito on demand de TV "normal" (por ahora). Ahora en Alemania, ProSiebenSat.1 y Discovery anunciaron una sociedad para lanzar un SVOD por suscripción que además incluiría deportes, lo que pone por fin un competidor serio para la firma de Hastings en un territorio donde descontaba crecer. Siempre hay que recordar que Netflix crece porque su competencia es aún pequeña.

La tercera es más complicada: el rumor de que la administración Trump impondrá trabas e incluso prohibiciones para las empresas chinas que quieran invertir en el sector tecnológico de los Estados Unidos. Justamente, una de las necesidades de Netflix es la inversión en tecnología, dado que requiere mejora constante de servidores y redes, además de los desarrollos para sus altgoritmos. Y la iniciativa china tiene menores costos que la americana. Un dolor de cabeza serio para la firma, que cada vez invierte más en contenidos originales y publicidad global, como si (ya) fuera un gran estudio de Hollywood.

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