La Recording Academy de los Estados Unidos, la entidad que representa a la industria de la música de ese país y que cada año otorga los premios Grammy, anunció que expandirá las cuatro categorías más importantes (grabación del año, álbum del año, canción del año y revelación) de cinco nominaciones a ocho, además de ciertos cambios de orden administrativo en el proceso de selección.

La novedad no refleja necesariamente el crecimiento de la industria musical, sino la caída en los ratings de la ceremonia de premiación, que es un negocio aparte y central tanto para la entidad como para la cadena televisiva que lo ponga en pantalla. A lo que se suma el hecho de las quejas por la falta de diversidad (sobre todo en el caso de las mujeres) en esas categorías. Y un tercer problema que, de todos modos, aparece como contradictorio respecto del primero: que los premios centrales siempre se concentran en el pop dejando de lado otros géneros, del jazz a la música clásica, que también se nominan y premian pero casi nunca llegan a las categorías principales.

Pero el principal problema es el negocio de la TV, sin dudas. Los nominados en las principales categorías son el mayor atractivo del show, que factura millones y donde se presentan en vivo. La expansión de las categorías centrales permite que haya más artistas para ese show. Las principales empresas del medio están felices con esta decisión y aducen -corrección política y amabilidad pública mediante- que con cinco nominaciones no se podía ser suficientemente inclusivo (sic), y que además el rango musical y de artistas ha crecido mucho como para restringir a tan pocos seleccionados la competencia por los premios. Por cierto, los últimos Grammy fueron los más inclusivos de los últimos treinta años, salvo por las mujeres. De hecho, Lorde decidió no actuar en los últimos Grammy por un desacuerdo con los productores, y era la única nominada a Mejor álbum (el resto de las nominaciones principales fue casi monopolizado por hombres, aunque había blancos, negros, de origen musulmán, etcétera), lo que desencadenó críticas contra la Academia. Estos cambios también tienden a morigerar las críticas en este sentido.

Pero lo principal es colocar en la posibilidad de hacer un buen show a los artistas más populares de cada año. La transmisión pierde rating y todavía depende del modelo de publicidad para ser rentable. La verdadera razón central de estos cambios es esa: que la TV tradicional está en crisis y arrastra todo lo que depende de ella.

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