Los hermanos Max y Dave Fleischer inventaron casi todo en el cine de animación.Como los Disney (Walt y Roy), sus eternos rivales, uno era el creador (Dave) y otro, el hombre de negocios (Max). Pero Max no era tan ordenado como Roy y después de hacer mucho dinero, terminaron vendiendo sus estudios a la Paramount.

Ahora bien: como sucedió con todos los pioneros del dibujo animado, los Fleischer consideraban sus invenciones como piezas de humor para adultos. Y entre sus inventos figuran el uso del acetato para animar (al principio se dibujaba en detalle cada fotograma en un cartón -de allí “cartoon”- y se lo fotografiaba) y el rotoscopio (se filmaba a una persona y luego se lo “calcaba” en un dibujo: la captura de movimiento del cine digital, hoy, es una forma de rotoscopía). Fueron pioneros en combinar el dibujo animado con la acción en vivo con el personaje Koko el Payaso en la serie Out of the Inkwell (Koko era Dave rotoscopiado). Y se hicieron millonarios en el período mudo con la “singing ball”: animaban un punto blanco sobre las letras de una canción que el pianista de los cines tocaba y la gente cantaba. Sí, estos señores inventaron, cuando el cine no hablaba, el karaoke.

Su estilo es de una locura absoluta. Todo -personajes, edificios, paisajes- se movía y se podía transformar en cualquier cosa. El efecto era grotesco, terrorífico a veces, tremendamente cómico y vivaz. Y fueron los primeros en tener estrellas animadas “humanas”; es decir, personas. Les debemos, se dijo, a Betty Boop, pero también a que Popeye pasara al cine y los primeros cortos de Superman.

Sus películas eran comentarios sociales. Había borrachos, fumadores, cabarets, chicas ligeras y alusiones sexuales de todo tipo, hasta que “los decentes” obligaron a Betty Boop a usar una pollera larga. Entonces se dedicaron más a la aventura cómica con Popeye. En el medio, intentaron hacer dos largometrajes, pero tuvieron poca suerte. Uno fue Los viajes de Gulliver, que quedó sólo en el de Lilliput. La leyenda cuenta que no podían terminarlo porque todos los dibujantes estaban ocupados por Disney terminando Blancanieves. Van cinco joyas (hay mucho en la web y gratis).

1) Minnie the Moocher. Betty se pelea con sus papás y huye con Bimbo, pero en una cueva encuentra fantasmas, esqueletos, brujas y una foca -Cab Calloway rotoscopiado- cantando el clásico Minnie the Moocher. Es terrorífico y gracioso al mismo tiempo, y la cantidad de transformaciones de objetos en personajes es increíble. Rabelais hecho dibujo animado.

2) Just a Gigoló. Betty anima un cabaret y presenta a la cantante francesa -en carne y hueso- Irene Bordoni. Mientras canta la triste historia de la mujer enamorada de un gigoló en la versión original de ese tema clásico, mil gatos salen a conquistar gatitas de maneras poco -digamos- infantiles. Se va a asombrar cuando lo vea.

3) Popeye the Sailor meets Ali Baba’s Forty Thieves. Originalmente, los Fleischer iban a hacer un largo de Popeye con cuentos de las Mil y Una Noches, pero quedaron dos cortos, este y el de Sinbad. Ambos son hermosos y muestran cómo combinaban maquetas, fondos fotografiados y coloreados a mano y dibujos animados para crear un universo totalmente surreal. Son cortos de más de veinte minutos (en televisión siempre los cortaron).

4) The Mechanical Monsters. El tercero de los seis cortos de Superman que hicieron antes de vender sus estudios. El Hombre de Acero debe salvar a Lois de un científico loco y sus robots transformables (sí, bueno, Transformers no inventó nada). El diseño y el color son increíbles, muy en la línea de la Bauhaus o de Metrópolis. Y Superman tiene casi calidad de rotoscopio.

5) Hoppity goes to town. Este fue el segundo largo que realizaron. Es la historia de un grillo que vuelve al barrio y tiene que enfrentarse con un malvado insecto que está quedándose con la propiedad de sus amigos. Es un filme de Capra -muy en boga entonces- pero animado, y termina con la creación de una canción (paralelamente se cuenta al sesgo una historia de amor humano). Lo mejor que hicieron, aunque fue un fracaso de taquilla.