Esta semana, la versión estadounidense de la revista Vanity Fair tuvo cuatro tapas. Cada una de ellas incluía a un grupo de actores que han personificado superhéroes para Marvel Studios; en el interior de la revista, además, hay una gran producción fotográfica. El motivo: los diez años desde el lanzamiento de Iron Man, la película de Jon Favreu que desencadenó un cambio de 180º en la manera en cómo se realizan los blockbusters de Hollywood para bien y para mal, y que ha afectado todo el negocio audiovisual. La edición incluye una nota al cerebro detrás de esta transformación que lleva ya diecisiete películas. La recaudación total de todos esos filmes a nivel global supera los u$s13.000 millones.

El cerebro detrás de la creación del Marvel Cinematic Universe es Kevin Feige, un fanático de las historietas y productor cinematográfico. En la nota explica cómo comenzó ayudando a diseñar el peinado de Wolverine en la primera X-Men (2000) y luego llegó a un lugar en el que nunca nadie había estado en Hollywood: responsable de hacer una gran cantidad de películas de enorme presupuesto sobre personajes y franquicias globalmente conocidas que, además, se relacionan entre sí. Algo que la Marvel, en los años ´60 y ´70, hizo para cambiar definitivamente el campo de los cómics, pero que en cine era casi imposible no sólo por la ausencia de la tecnología adecuada sino porque ningún nombre importante veía esta clase de películas como oportunidades creativas.

Evaluemos por qué hoy sí. En primer lugar, Iron Man, una película independiente en la que Marvel se gastó todo lo que tenía, no sólo fue un éxito de crítica y público, con casi u$s1.000 millones de recaudación global, sino que reconstruyó la carrera de Robert Downey Jr. La primera lección que aprendió Marvel fue que el star system funciona si se aplica en el campo adecuado. Dado que el público de cine, en general, hoy va en busca de un gran espectáculo, los actores con nombre importante también son parte de la atracción. Gran parte del incremento en los presupuestos de estas películas tiene que ver con tener a Cate Blanchett como villana o a Scarlett Johansson como heroína. Además de que cobran un porcentaje de las ganancias (en 2015, Downey ganó sólo por derechos unos u$s80 millones) y de que les permite seguir trabajando en proyectos lucrativos.

El costado "malo" del éxito del MCU consiste justamente en esa inflación de costos, además de transformar los cines en algo más parecido al parque de diversiones. El problema consiste en que las películas de presupuesto medio cada vez son menos viables o son captadas por los SVOD. Según Feige, Marvel tiene otros veinte filmes en desarrollo y es posible que recapture los derechos (hoy en Fox) de X-Men, Deadpool y Los 4 Fantásticos. Lo que agudizará la concentración. Eso sí, también hay grandes películas en el MCU, pero esa es otra historia.