Un yogurt que es presidente, un trío de robots en una ciudad arrasada por el apocalipsis, un hombre lobo mercenario de guerra y hasta un multiverso en el que Hitler es atrapado en un bloque de gelatina: la galería de personajes e historias brota sin límite desde la imaginación desbordante.

No hay tanto amor ni tantos robots como anuncia el título pero muertes no faltan en esta aventura estrafalaria lanzada por David Fincher -director de películas emblemáticas como Pecados capitales, El club de la pelea Red social y productor de series como House of cards y Mindhunter- junto el director de Deadpool, Tim Miller.

Con la animación como consigna, esta tira para público adulto sigue un formato de serie antológica, donde cada capítulo es independiente y no guarda relación con el resto. Es más, en este caso, se trata de propuestas bien diferente en cuanto a los temas y universos explorados, pero también en relación a las técnicas. Incluyen desde referencias más retro a los trazos del animé clásico, hasta las grandes posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías. Esto responde a que los trabajos fueron creados por estudios de animación de distintas partes del mundo y hasta tienen duración variada: de entre 6 y 18 minutos.

El resultado es un catálogo tan variopinto en estilo y tono dramático que resulta impredecible. Como una máquina tragamonedas donde el azar marca las combinaciones posibles de ingredientes, una imagen con la que juegan los títulos. Hay desde historias en clave cyberpunk pasando el steampunk hasta tiernos robots torpes y graciosos. Este surtido de cortos animados, que tiene como punto de contacto transitar por mundos futuristas, resulta desparejo en la mezcla final. No todos los relatos son convincentes. La propuesta divide a la crítica: para algunos resulta brillante para otros es excesivamente violento, con perspectiva masculina y superficial. Hay bastante de verdad en los cuestionamientos aunque varias de las historias valen la pena y mucho, como Los tres robots, la sátira política de El yogurt que conquistó el mundo, Noche de Pesca y Piezas únicas.

La serie trae a la memoria a Black Mirror, referente cercano potente en distopías tecnológicas (y hasta se parece en sus títulos de apertura). Sin embargo, más allá de las enormes diferencias formales de las dos series, el contenido acá resulta mucho menos contundente y reflexivo. Apunta más a lo lúcido y al entretenimiento. Varias de las historias tomaron como punto de partida obras literarias de ciencia ficción.También desde la literatura pueden encontrarse reminiscencias a Crónicas Marcianas, en algún capítulo con impasibles y bellísimos paisajes interestelares.

Es que logra momentos interesantes, historias ingeniosas, imágenes bellas y pasajes hilarantes en esta mezcla extraña. No es una propuesta para todo el mundo (especialmente no apta para quienes no toleran escenas sangrientas ni en dibujitos) pero tiene más de una grata sorpresa incluso para quienes no son amantes del género. Eso sí, los finales suelen ser tan desconcertantes como el futuro remoto que nos espera.

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