Juan Pablo Bertazza publicó un libro de poemas de Praga; y en su primera novela, la ciudad también es la protagonista. Dialogó con BAE Negocios.

—¿Qué tiene que ver el libro de poemas con esta novela?
—Supongo que algo más que el escenario, una especie de continuidad. Empecé a escribir el libro de poesía hace cinco o seis años en el avión, de vuelta de mi primer viaje a Praga, tal vez como una forma un poco torpe de quedarme o de estirar lo máximo posible ese primer encuentro . Tres años después gané una beca que me permitió vivir dos meses, conocer mucho mejor el lugar y empezar a interactuar con su gente. Además de escribir gran parte de la novela, durante ese tiempo tuve la suerte de publicar y presentar la traducción del libro de poesía que hizo Radka Navarova con la presencia de la gran traductora e hispanista Aneka Charvátová y de Milo Urban, a quien considero uno de los más importantes escritores checos de la actualidad. Creo que si los poemas, por el tiempo y el momento de escritura, hablan de lugares muy turísticos (la traducción al checo llevo como título En el umbral de Praga), la novela, paradójicamente, pese a meterse en el mundo de los guías, incorpora otros lugares de la ciudad menos conocidos, se mete más de lleno en la ciudad.

“Quería una historia de amor que fuera un choque cultural”

—¿Cómo surgió la historia de la novela?
—Una extraña pregunta que se me ocurrió mientras iba caminando al trabajo: ¿qué pasaría si, por alguna razón, se revelara la fecha de muerte de nuestros seres queridos y de las personas en general? ¿Cambiarían los vínculos y las relaciones afectivas? ¿Qué transformaciones inmediatas podría haber en la sociedad? Me gustó esa idea, pero me daba la sensación de que era difícil transformarla en una novela; es decir, podía correr el riesgo de crear una historia demasiado abstracta, lejana, aséptica, irreal. Por eso busqué contrastar esa línea argumental con algo bien concreto y específico y real como es el trabajo y las condiciones laborales de los guías de turismo en una ciudad como Praga. Tengo entendido que ahora está por cambiar, pero me llamó mucho la atención que los guías de turismo no necesitaran licencia para trabajar, lo cual podía dar lugar a muchos errores y malentendidos que suelen ser, en cierta forma, la esencia de la literatura.

—¿Te sentís cómodo en el género de la novela?
—La verdad es que hasta ahora escribí más poesía, pero la novela también me encanta con todas sus diferencias: la novela es un lugar en el que tenés que quedarte a vivir mientras la estás escribiendo, mucho más obsesiva y constante que la poesía, que, al menos para mí, es bastante del momento.

—¿Te parece que hay una mezcla de fantástico y romántico en el texto?
—La verdad que no la veo exactamente como una novela fantástica; la pienso más bien como una historia realista que, de repente, va mostrando alguna grieta que se va profundizando cada vez más, como puede pasar también en la vida cotidiana de alguien. Quiero decir, una de las cosas que me di cuenta cuando conocí Praga es que Kafka no era el escritor fantástico o alucinado que pensaba sino más bien un escritor realista en un lugar bastante raro, increíble, siempre con la imagen omnipresente del castillo.
Con respecto a lo romántico, la idea era contar una historia de amor que, al mismo tiempo, fuera la descripción de un choque cultural: un argentino que trabaja de guía en una ciudad que no conoce y una checa que habla castellano y vivió algunos años en Buenos Aires.

—¿Qué te gustaría que el lector encuentre en esta historia?
—Me interesaba incorporar en esta novela la imagen del turismo, la figura del turista que para mí fue despreciada y negada en los últimos años, tal vez como consecuencia del auge de la crónica. Me da gracia que muchas personas que viajan dos o tres días a un país totalmente lejano del que no conocen su lengua, su historia ni nada pretendan no ser turistas, confundirse entre sus habitantes como si eso fuera posible en tan poco tiempo. Quiero decir, no es que me interesara la veracidad del discurso del turismo en sí sino más bien su disposición narrativa, su capacidad de construir mitos, leyendas y malentendidos (que, de nuevo, los considero verdaderos motores de la literatura) y, sobre todo, un aspecto que me parece algo muy rescatable del turista: su capacidad de asombro.

—¿Qué significa Praga para vos?
—Además de ser una ciudad que me fascina y donde ya tengo muchos amigos y gente muy querida, siento que es el lugar donde finalmente pude hacer lo que siempre quise: me dio la posibilidad de escribir y publicar.

Título: Síndrome Praga
Autor: Juan Pablo Bertazza
Precio: $530
Editorial: Ah - Adriana Hidalgo editora
Páginas: 336

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