La salida del confinamiento tuvo un fin de semana de explosión para la escena del jazz de Buenos Aires. Por el Festival porteño, que volvió luego de largos meses de encierro, pasaron nada menos que 30.000 personas, con una impecable organización a cargo de su nueva directora, la cantante y docente Julia Moscardini.

Por primera vez una mujer toma la posta de liderar este evento, que hasta su anterior edición estuvo a cargo de Adrián Iaies. El pianista y compositor dejó muy alta la vara. Organizó ediciones memorables por las que pasaron gigantes como Randy Weston, Charles Tolliver, Pat Martino, Enrico Rava, The Cookers o Peter Bernstein, por citar sólo a algunos de los grandes consagrados del jazz que se lucieron en celebraciones pasadas del festival.

Julia Moscardini no dudó ante el desafío. "Personalmente fue una gran responsabilidad y compromiso asumir este rol por primera vez, y tengo que destacar el gran trabajo del equipo de producción y todo el apoyo de los colegas músicos, que comprendieron las limitaciones de este año y participaron con la mejor predisposición", dijo Moscardini en diálogo con Veintitrés.

Con lógicas restricciones de viajes y presupuestarias, Moscardini diseñó un festival que permitió exponer la vitalidad de los distintos subgéneros y regiones geográficas que acredita el jazz argentino. Hubo convocatorias que concentraron alta atención, como las de las cantantes Flopa Suksdorf, Delfina Oliver y Barbie Martínez, así como las presentaciones de los grupos de Hernán Ríos y Ernesto Jodos y del consagrado Escalandrum.

La apertura del Festival fue de por sí una idea novedosa. En la jornada inicial el jazz se entreveró con La Noche de los Anticuarios con la consigna de viajar al pasado para disfrutar del jazz de los años 30. En las calles del Casco Histórico de la Ciudad hubo visitas guiadas por los anticuarios de la zona, shows de Hot Shooters y Desmadre Orkesta, performances y experiencias teatrales, ilustradores interviniendo vidrieras y clases de Swing. En Arte Antica se presentaron Páez-Boccanera-Gatica trío y el músico Miguel Tarzia. En la Scala de San Telmo, escenario que se sumó al circuito del festival, tocaron el trío de Enrique Norris  y el quinteto del pianista Pablo Raposo.

La programación incluyó más de 40 conciertos, talleres presenciales y virtuales (fue muy celebrada la clínica de canto de Julia Sanjurjo). Hubo cruces entre músicos de distintos puntos del país y artistas residentes en Buenos Aires. La selección de la mayoría de los participantes surgió de convocatorias abiertas a todo el país, como parte del programa Cultura Abierta de la Ciudad de Buenos Aires. Además, gran parte de los inscriptos integraron Vidriera de Jazz, un espacio de visibilización virtual en el que el público pudo descubrir a nuevos artistas del género.

Para el futuro, Julia Moscardini ya alienta nuevas expectativas. "Ojalá podamos recibir nuevamente a grandes maestros, para estimular el entusiasmo a seguir creciendo como músicos y para que el público pueda disfrutar de la realidad que se ve en el resto del mundo", señaló.

 

 

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