Más de un año después de su estreno, llega desde la lejana Oceanía a la tevé latinoamericana una muy interesante miniserie basada en la novela escrita por el galardonado Elliot Perlman. Con un comienzo de tono policial -el extraño secuestro de un niño de siete años, Sam Marin- muy pronto la trama se complica. Es que si bien —y esto no califica como spoiler porque sucede a poco de empezada la historia— los angustiados padres, Joe y Anna, se reencontrarán rápidamente con su hijo, el hecho será apenas el origen de una serie de revelaciones que les cambiará la vida.

El nene es hallado en cuestión de horas, sin daño alguno, y la policía arresta por el delito a un ex maestro, Simon Heywood. Pero... una implacable detective, decidida a llegar al fondo de la cuestión, escarbará en los motivos de este suceso y encontrará muchos secretos: Simon fue amante de Anna, y su vecina y posible cómplice, Angela, tiene un vínculo turbio con Joe. ¿Cuál fue el objetivo del secuestro? ¿Es un chantaje?

Entretanto, el evidentemenete frágil matrimonio Marin se resquebraja: las sospechas, las mentiras, y un amor desgastado chocarán con el asedio de la prensa al hacerse famoso el caso policial, a la vez que Joe -una suerte de lobbista, operador de fondos de inversiónhace equilibrio entre su vida personal y un momento crucial para sus negocios.

Uno de los atractivos de esta ficción, además de un guión ágil y bien llevado, es que cada capítulo narrará los hechos desde la perspectiva de un personaje diferente.

En el debut, Joe es el protagonista pero el segundo le dará relevancia al Dr. Alex Klima (Hugo Weaving), psiquiatra y aliado de Simon. Las relaciones entre todos ellos se irán develando -afortunadamebnte- sin dilaciones ni vueltas enroscadas. La verdad, si es que existe una sola, deberá ser construida pieza por pieza aunque no todas ellas encajarán de forma perfecta. Las distintas perspectivas pueden generar contradicciones y más dudas.

Pronto, el eje ya no será quién secuestro a Sam, sino por qué lo hizo. Este drama psicológico se mete de lleno en cómo las relaciones pasadas siguen influyendo en el presente, y cuál es el límite de un ser humano a la hora de actuar por amor.

Con un reparto poco conocido en general, salvo Weaving (“Matrix”), “Seven types of ambiguity” se estrenó este martes a las 23 por Max -repite el primer capítulo durante toda la semana, ver horarios en la web de Hbo Max- y es una muy bien construida ficción que mantiene el interés y nos recuerda que también se hacen excelente productos fuera del clásico circuito estadounidense o europeo: la serie está totalmente realizada en Melbourne y permite además echar un vistazo a la poco promocionada y bella Australia.

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