El cavernícola es el regreso a la dirección de ese gran inventor de animaciones llamado Nick Park, papá de Wallace y Gromit, entre otras cosas. Hay algo bueno: la plastilina en stop motion, el diseño humorístico de los personajes, la delicadeza en las expresiones que permiten esa comicidad tranquila bien británica combinada con el gran disparate. Hay algunas cosas que no lo son tanto: recurrencia al chiste fácil sobre lo anacrónico, cierto estiramiento un poco artificial de la trama, algo de didacticismo -ya estaba en Pollitos en fuga, del mismo realizador- en la historia. Pero Park sigue deslumbrando el ojo del espectador con generosidad, y por eso la película vale la pena.