El pasado domingo, en Los Angeles y víctima de un cáncer -según informó su familia- falleció el productor ejecutivo Gary Kurtz. Tenía 78 años, era veterano de Vietnam (donde sirvió entre 1966 y 1969) y quedará en la historia como el hombre que hizo posible la existencia de Star Wars.

Kurtz era el productor ejecutivo titular de George Lucas, prácticamente su socio. El “productor ejecutivo” no es quien pone o consigue el dinero (a veces, también, veremos más adelante) sino quien logra conseguir todo lo necesario para cada plano de una película. Kurtz había sido el productor de American Graffitti, el segundo largo de Lucas y el que logró llamar la atención sobre su nombre. Star Wars era un proyecto que la Fox, que lo había adquirido, quería tratar exclusivamente como una obra de bajo presupuesto, directamente clase B. A tal punto que el casting de Star Wars se hizo con la misma gente y al mismo tiempo que el de Carrie, de Brian De Palma. Los actores leían parlamentos de una y otra película delante de Lucas y De Palma (y un asistente que no participaría en principio en ninguna de las dos y necesitaba un trabajo, un carpintero y actor llamado Harrison Ford). Fox se recuperaba después de más de una década del gasto en Cleopatra, película que recaudó mucho pero fue tan cara que casi hunde a la compañía. Y nadie confiaba en el concepto de ciencia ficción fantástica que Lucas proponía.

Kurtz fue quien se plantó frente a los estudios y consiguió ampliar tanto el presupuesto (originalmente inferior a los siete millones de dólares) como los días de rodaje (que estaban sobrepasados en mucho). Lo logró contra viento y marea. También logró que se creara la tecnología necesaria para conseguir ciertos efectos, como la cámara Dykstraflex (invención del director de fotografía John Dykstra) que llevaba una computadora y “guardaba” en su memoria los movimientos realizados con ella. Eso permitía sobreimprimir maquetas sobre fondos de manera realista. Si Lucas fue el cerebro estético de la película, Kurtz fue su motor material.

Tras el éxito inesperado de La Guerra de las Galaxias, sobre la que no había planeada ninguna secuela -ni siquiera se llamaba “Episodio IV”, mucho menos “Una nueva esperanza”-, se planteó una secuela. El Imperio Contraataca (1981) se quedó sin presupuesto y excedido en días, lo que generó una amarga discusión con Lucas. Kurtz puso dinero de su propio bolsillo para terminar un rodaje cuyo director (el competente Irvin Kershner) tenía el aliento constante de Lucas detrás, y además se hizo cargo de la dirección en la segunda unidad (los que filman las escenas con dobles y las acciones físicas). Tras el final de ese filme, Kurtz y Lucas se separaron. Como dijo entonces Mark Hammil, protagonista de la serie, “Papá y mamá se divorciaron”.

“Las películas se volvieron más orientadas a vender juguetes que a contar una historia; hacían tres veces más dinero que los filmes. Es lógico hacer algunas concesiones en ese sentido, pero no sacrificarlo todo”, dijo Kurtz años después, insatisfecho sobre todo por los resultados estéticos de El regreso del Jedi (1983). Siguió trabajando en Hollywood, aunque su legado será siempre ser el hombre que bancó Star Wars.

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