Aunque era previsible, no deja de ser sorpresivo: Netflix no participará del próximo Festival internacional de Cine de Cannes. La decisión fue tomada en la última semana y comunicada ayer por Variety en una entrevista al CEO del gigante del SVOD, Ted Sarandos, donde el ejecutivo dice expresamente que "queremos que nuestras películas tengan un tratamiento justo, similar al se le da a cualquier otro realizador. Corremos el riesgo de ir a Cannes y que nustras películas y realizadors sean tratados irrespetuosamente en el festival; son ellos los que establecieron ese trato, así que no creo que sea bueno para nosotros asistir".

Veamos los antecedentes. El año pasado, dos películas producidas por Netflix y que no iban a tener distribución en salas, Okja -de Bong Jon-hoo- y Los Meyerowitz -de Noah Baumbach- participaban de la Competencia Oficial. Eso despertó la ira de los exhibidores franceses, lo que llevó a las autoridades de Cannes, encabezadas por su director artístico Thierry Frémaux, a disponer de una regla por la cual no puede presentarse en la muestra ninguna película que no tenga, al menos en Francia, distribución en salas asegurada. Eso desactivó temporalmente las protestas, y era tarde para que Netflix se retirase del festival. Pero lo peor vino después, cuando el presidente del jurado, Pedro Almodóvar, dijo en conferencia de prensa que le parecía mal que se premiase una película que solo habría de verse on demand. Esto fue el golpe de gracia. Okja y Meyerowitz, dicho sea de paso, son obras de realizadores importantes más de una vez saludados por Cannes. Pero ni Baumbach ni Bong tuvieron posibilidad de competir, en pie de igualdad, con el resto de las candidatas, aún cuando la crítica fue entusiasta en ambos casos.

Pero el asunto es qué es Cannes. Su competencia es una vidriera importantísima con enorme resonancia en los medios mundiales, aunque la muestra no tiene público -es solo para acreditados- y lo que más pesa es el mercado. Una premiere oficial en Cannes, dentro o fuera de competencia, es un evento con muchas repercusiones e implica también posicionamiento de marca. Cannes lo sabe y por eso es que se programan blockbusters en noches especiales. Para Netflix, se trata también de mostrar públicamente que es un verdadero gran estudio, que tiene peso gigante como jugador global en el negocio audiovisual y que, en gran medida, es el futuro por lo menos para cierta parte del cine. Y Cannes necesita sponsors y eventos para sobrevivir. En esta pulseada, el Festival queda mucho más perjudicado que el SVOD, y gana -por un tiempo- el negocio tradicional. Al menos la victoria simbólica de ocupar las vitrinas de siempre.

El caso es interesante, también, porque Netflix planeaba presentar en Cannes The Irishman, la miniserie dirigida por Martin Scorsese y protagonizada por Robert De Niro, Al Pacino y Joe Pesci, algo así como un sueño cinéfilo hecho realidad. De todos modos, aunque Sarandos no irá a la Costa Azul, enviará ejecutivos para evaluar la compra de películas de la muestra. "No discriminamos de esa manera", explicó a Variety. Después de todo, negocios son negocios.

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